Otro camino

Lo que está detrás de los plantones de la CNTE

Después de varios meses de conflicto magisterial que han puesto al país al borde de una crisis, sería poco sano quedarnos en el comentario o señalamiento superficial de los avatares del plantón del Monumento a la Revolución. Lo cual no implica omitir episodios lamentables, como el cierre de varias semanas del Zócalo mediante vallas y resguardo de las policías federales y del DF. Ni tampoco la aparición de fenómenos como los “encapuchados” y sus “acciones contundentes”. El agotamiento de una forma de lucha, como son los bloqueos, plantones y otras acciones semejantes que se han empleado por la CNTE, debe merecer también, supongo, una evaluación del movimiento magisterial. Nada permaneció igual después de estos meses de movilizaciones y enfrentamientos.

El tema de fondo es el problema de la educación.

Me parece que es o debiera ser claro que la llamada “reforma educativa” no resolvió en lo mínimo el problema de la baja calidad de la educación básica. Ni en cuanto a sus resultados ni en cuanto a la estructura de todo el sistema de enseñanza, ni mucho menos en cuanto a la cuestión de las condiciones de estudio de millones de niños, adolescentes y jóvenes de los niveles básico, secundario, bachillerato y universitario. Tampoco la cuestión de los docentes, sus capacidades y mucho menos sus condiciones de trabajo. Ni siquiera “resolvió” la supuesta “causa” que estableció (por parte de los diseñadores y propagandistas de la “reforma educativa) como problema  central y casi único: la ausencia de “evaluación” de los maestros como el factor determinante del llamado “desastre educativo”.

Es conveniente comenzar a analizar lo que ocurre en los diversos niveles educativos.

Señalaré algunos de los problemas existentes en la UNAM.

El esquema de la UNAM establecido a partir de la gestión del rector Guillermo Soberón, pero acentuado con Jorge Carpizo, al haber estimulado ciertas competencias ha disgregado el trabajo de equipo, el trabajo colegiado, es decir, el trabajo de academia en la universidad.

Cuando el profesor se ve impulsado a obtener una suerte de tortibonos, se atenta contra la academia.

Me refiero a los puntajes, con publicaciones de calidad a veces muy discutible, en revistas y otros medios, para acumular indicadores y con eso obtener mayores ingresos. En esta situación el salario de muchos universitarios, sobre todo los de tiempo completo, equivale a veces a la tercera o incluso la cuarta parte del ingreso real, que no forma parte del salario nominal.

Solo los profesores que tienen Pride, un sistema de apoyo a la investigación, logrado en 1990, y las compensaciones, y asimismo quienes forman parte del Sistema Nacional de Investigadores (SNI), tienen altos ingresos.

Al impedir que estos ingresos repercutan en las prestaciones, en las primas vacacionales, en la jubilación, se ha producido un fenómeno sombrío. Se ha envejecido mucho la planta docente y la planta de investigadores porque es obvio que nadie quiere jubilarse con la cuarta parte del ingreso correspondiente.

¿Cómo explicar que 85% del personal académico de la UNAM es profesor de asignatura por contrato y sólo 15% tiene base como profesor de tiempo completo.

joeloj7168@yahoo.com.mx