Otro camino

'Todos deben irse'. ¿Es posible?

Ante la decadencia del régimen político y específicamente de su clase política, es creciente la demanda que se vayan todos.

La barbarie de la cacería de estudiantes normalistas de Ayotzinapa y las ejecuciones en Tlatlaya han puesto en la picota al conjunto de las instituciones del Estado, tanto a escala nacional como a escala internacional.

Toda la clase política está en un pantano. Si no se mueve, se hunde y si lo hace, también.

La indignación ha generado un movimiento inmenso. Sobre todo los estudiantes se están movilizando en todo el país. Su coraje expresa un saludable hartazgo ante el sistema político.

Esta rebeldía no es producto de conjura alguna, obedece a una compleja combinación de factores de descomposición política, social, económica y cultural que se han ido acumulando.

El sistema político, tal como está, no puede darle salida a esa gran insurgencia social.

Las conquistas democráticas alcanzadas durante decenios de luchas no consiguieron fraguarse en un régimen político capaz de darle cauce a los diversos intereses sociales, políticos, económicos, étnicos, culturales y de todo tipo existentes en una sociedad del siglo XXI.

La suplantación, la simulación, la demagogia y la restauración conservadora echaron a la basura la inmensa energía política que intentó realizar una transformación democrática a través del camino de la apuesta civil y pacífica.

No todo fue en vano.

A pesar de la monstruosidad de los crímenes en Iguala y Tlatlaya —como símbolos de muchas otras tropelías similares que se manifiestan en la existencia de las tétricas fosas clandestinas como huellas de la secuela de la “guerra de Calderón”—, es posible realizar manifestaciones masivas en todo el país, realizar reuniones en muchas partes de la sociedad, expresarse a través de múltiples medios y mediante la presencia de miles de mexicanos, principalmente estudiantes, en casi todas las representaciones diplomáticas de México en el planeta. Vale recordar que todo esto era imposible en 1968 y otros momentos represivos del autoritarismo de nuestro Ogro Filantrópico.

Todas las conquistas democráticas son insuficientes para darle salida a esta crisis política.

Es muy valiosa y valerosa la denuncia. La exigencia de justicia para los estudiantes de Ayotzinapa y la lucha por impedir la impunidad.

Toda la capacidad de indignación no puede sustituir la construcción de una alternativa que ponga fin a la decadencia política.

Sin duda que lo ocurrido no puede reducirse a un “asunto municipal”; estamos ante una expresión criminal que involucra al conjunto del Estado.

La creciente articulación de las bandas criminales de todo tipo con los poderes a todos sus niveles exige una propuesta de esa profundidad y dimensión.

Sin embargo, no es válido caer en la tramposa coartada que pretende eximir a los gobernantes específicos de Iguala y Guerrero y a los partidos que los postularon. Resulta insoportable que se produzca una política gatopardiana. El “gobernador” sustituto es parte del grupo de Aguirre y no tiene pudor para prodigarle elogios.

¿Cómo se puede pretender que haya confianza en un “cambio” de este tipo?

La salida de la clase política en decadencia no está a la vista.

joeloj7168@yahoo.com.mx