Otro camino

…es culpa del mal social…

Recuerdo a Guillermo Ramírez en su clase de Estructura Económica Actual de México advirtiéndonos que si ante los fenómenos y problemas de México dábamos como respuesta a los mismos la realización del socialismo, quedábamos reprobados. Era una pedagogía muy sabia y nos obligaba a pensar las soluciones de manera específica, evitando las respuestas genéricas.

Mi viejo amigo y en cierta medida embaucador de mi militancia en la Juventud Comunista, a quien cariñosamente llamábamos El Gordo Ramírez, sigue teniendo razón; sin embargo es cada vez más necesario elevar la mirada para intentar explicarnos lo que ocurre y salirnos del laberinto cotidiano pletórico, además de ruidos y gritos ensordecedores procedentes de las notas periodísticas divulgadas por cualquiera de los medios: radio, tv, prensa escrita e incluso y cada vez más en las redes sociales.

En este caso cobra sentido aquella canción que decía …ya se murió el angelito, y no quisiera llorar, quisiera poder matar al culpable del delito, fue culpa del mal social que nos mata de a poquito…

Es muy inquietante que en Tepalcatepec, Michoacán, el presidente Peña haya hecho un reconocimiento a las autodefensas al decir “Aquí yo quiero hacer un amplio reconocimiento a la sociedad civil organizada, especialmente a aquellos que decidieron ser parte de estas fuerzas de seguridad… apoyamos a quienes con emoción y sobre todo de manera legítima quisieron ser parte de las fuerzas de seguridad para apoyar a la sociedad michoacana y particularmente la seguridad de Tierra Caliente”.

Arjun Appadurai (Bombay 1949) nos dice en El rechazo de las minorías. Ensayo sobre la geografía de la furia que “la propagación de la milicias en todos los niveles de la sociedad, sobre todo en sociedades caracterizadas por un estado débil o dependiente, ha arrancado la bandera, el uniforme y el fusil automático al Estado-nación oficial en muchas regiones del mundo”. El estilo mexicano de asimilarlas, como la ha hecho Peña Nieto, no puede escabullir el fenómeno: la evaporación del Estado, como también lo ha señalado Zygmunt Bauman.

Ante el fracaso de la “guerra de Calderón” pareciera estar replanteándose un nuevo concordato, donde se incorporen modalidades como la que ayer avaló el Presidente en plena cuna de las autodefensas.

Pero nuestra geografía de la furia no se limita al fenómeno del narco.

Comienzan a expresarse identidades predatorias “cuya construcción social y movilización requieren la extinción de otras categorías sociales próximas, definidas como una amenaza para la existencia misma de determinado grupo definido como <nosotros>” dice Arjun Appadurai. Habrá que pensar si ese tipo de fenómenos no tiene cierta expresión en las recientes acciones contra la obscena presencia de la policía en San Bartolo Ameyalco o en los motines en Tepito y las fratricidas escaramuzas en Chiapas, donde murió un promotor del EZLN.

Los casos de bullying como el del columpio en Tampico, la violencia contra las mujeres como la chava con cesárea reciente, tirada en el camino de Tijuana a Rosarito, y los casos de violencia intrafamiliar, sin olvidar los crímenes de odio, son nuestra geografía de la furia.

 

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