Otro camino

¿La "cucaracha" ya no puede caminar?

La abdicación del rey Juan Carlos de Borbón ha despertado muchas ilusiones y sobre todo muchas preguntas.

Inmediatamente que se supo, las plazas de toda España se llenaron de manifestantes a favor de la república. La calle se pronunció de manera indiscutible en esa dirección. Todo indica que las instituciones de la monarquía parlamentaria, con casi 40 años de existencia, harán lo contrario: la mayoría del PP y el PSOE aprobarán los mecanismos necesarios para que Felipe VI sea el sucesor de su padre.

Volvemos a ver una inmensa contradicción entre la calle y las instituciones estatales.

En Iberoamérica no ha ocurrido un cambio de tipo revolucionario de las instituciones estatales desde el triunfo de la revolución sandinista en 1979.

Paradójicamente los revolucionarios han accedido a una buena parte de los gobiernos de esta región por la vía electoral: Brasil, Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Uruguay y hasta en cierta manera Paraguay y El Salvador.

En Europa Mediterránea se consolidaron los procesos transicionales: en España, Portugal y Grecia. En los países centrales: Francia, Inglaterra, Alemania, se han sucedido gobiernos socialdemócratas por gobiernos de derecha moderada e incluso eso ha ocurrido en Italia con toda su picaresca clase política encarnada por Berlusconi.

En los Balcanes ocurrieron trágicas guerras de limpieza étnica o ciclos de fugaces democracias y restauraciones en Rumania, Albania, Bulgaria, Polonia, repúblicas Checa y Eslovaca, Hungría.

En las antiguas repúblicas soviéticas se produjo una restauración capitalista con inequívocas prácticas autoritarias en Rusia, Ucrania, Bielorrusia o el gatopardismo comunista en casi todos los países de Asia Central y en el Báltico.

África ha vivido mutaciones democráticas increíbles como la de Sudáfrica.

En los años recientes se produjo el fenómeno excepcional de las revoluciones de la primavera árabe en el norte de África y aún se mantiene la terrible guerra civil en Siria.

En estos recientes primeros años del siglo XXI hemos contemplado movimientos sociales en casi todo el mundo. El rechazo de millones al modelo neoliberal se ha dado por las más diversas vías: tomas masivas en las plazas de toda Europa, que iniciaron en España con los indignados, fenómeno que se reprodujo incluso en Estados Unidos; huelgas generales en Grecia, Portugal, Italia, Francia y en cierta medida en España.

Los sujetos se han enriquecido con nuevos estamentos sociales, culturales y étnicos.

En México la sublevación armada, inicial, del EZLN dio visibilidad como nunca antes al fenómeno indio. Pero no se produjo la insurrección revolucionaria.

En nuestro país no se ha producido el acceso al gobierno federal de las izquierdas por la vía electoral, a pesar de su carácter sistémico y su raíz predominantemente priista y su condición anciana. No está claro si eso ha sido por la inmensa capacidad de manipulación del PRI o por la ineptitud o hasta la complicidad del PRD y socios con el status quo.

El desafío de hoy es cómo realizar los cambios políticos, sociales, económicos y de todo tipo; si tanto las vías revolucionarias y las institucionales están cerradas.

 

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