Otro camino

Los círculos concéntricos

El insólito movimiento desatado a raíz de la cacería y desaparición de 43 estudiantes de Ayotzinapa se parece a los círculos concéntricos que se producen cuando se lanza una piedra a un estanque. En el círculo más grande están cientos de miles e incluso millones de personas muy dolidas por esa monstruosa violencia. En varios círculos siguientes están quienes están hartos de los políticos; en otro más reducido pero también masivo están los que tienen un rechazo al gobierno de Peña Nieto, muchos de ellos votaron por AMLO en 2012; en el siguiente círculo hay los que gritan Fuera Peña en las inmensas manifestaciones dentro y fuera del país; otro círculo grande es el que integran las centenas de asambleas estudiantiles en otras tantas universidades públicas y privadas; uno más pequeño lo integran los estudiantes que forman piquetes de guardia en las escuelas en huelga o paros; uno de menor tamaño lo forman los que realizan actividades de propaganda y denuncia en diversos puntos de las ciudades; entre los círculos más pequeños se cuentan las decenas de grupos y grupúsculos de las izquierdas maoístas, marxistas, leninistas, trotsquistas, revolucionarias y demás; en un círculo aún más cerrado participan los que se denominan anarquistas y en uno de carácter clandestino se localizan los que integran grupos partidarios de la lucha armada.

La capacidad de mantener aquellos elementos que comparte la mayoría de los círculos le da a los movimientos su condición masiva.

Los objetivos y el rumbo del movimiento pueden mantener movilizados a cientos de miles e incluso millones cuando éstos son compartidos por la mayoría de los círculos.

Ningún movimiento social, no solo los estudiantiles, es eterno.

Entre las posiciones que se manifiestan recojo algunas.

La radicalización o desesperación de los círculos más pequeños puede producir lo que comenta Manuel Aguilar Mora: “La frustración que cunde en el seno de algunos sectores de maestros y trabajadores, así como en algunos estudiantiles, ya está produciendo sus estallidos desesperados, como bien lo indica la quema de la puerta principal de Palacio Nacional, cuyas consecuencias políticas con respecto a la movilización de las grandes masas son nulas e incluso negativas.

Un chavo cercano a los activistas de Filosofía de la UNAM escribe lo siguiente: “Dicen y escriben que el gobierno es mafioso, corrupto, podrido; pero no veo aprestos insurreccionales. En otros tiempos, quien así escribía era porque ya tocaba una música levantisca por dentro, y no se quedaba en las caracterizaciones, sino que actuaba en consecuencia. Hoy, las palabras no comprometen a nada, el gobierno está podrido y luego seguimos platicando, ¿no?”.

Casi fuera del movimiento se encuentran intelectuales como Enrique Krauze, quien tuiteó: “Comparto la exigencia ciudadana de justicia hecha al Estado; pero estoy esperando la primera manifestación ciudadana contra los criminales”.

Para el EPR “la movilización y resistencia popular deben continuar en combinación con la generalización de las acciones políticas de masas que golpeen los puntos nodales que sostienen a la dictadura del capital”.

Se requieren rumbo y dirección para evitar una derrota.

 

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