Otro camino

A dos años del "#132"

Cuando comenzaron las movilizaciones estudiantiles de lo que luego se conoció como #YoSoy132 las izquierdas partidistas mostraron una gran desconfianza ante ellas. Hubo algunos llamados, por Facebook, a no asistir a la manifestación del Zócalo al Monumento a la Independencia por considerarla una iniciativa de “la derecha”. Un día antes presencié cómo un grupo de estudiantes de la Escuela Nacional de Antropología realizaba volanteo y mediante un megáfono en el centro de Tlalpan invitaba a la manifestación del sábado siguiente, y luego cuando descubrieron una “conferencia del 68” frente al kiosco, le pidieron al conferencista el micrófono. Ese cuate se negó a darles la palabra, un viejo activista ahora temeroso y conservador.

Cuando se realizó la combativa marcha de la Estela a Televisa, un antiguo maoísta simpatizante de AMLO intentó dar “línea” a los chavos y lo mandaron a volar.

Más allá de las anécdotas, es interesante destacar que los viejos activistas y hasta algunos de los líderes de movimientos estudiantiles anteriores descalificaron al 132 con adjetivos como derechistas, faltos de ideología revolucionaria, niños bien, manipulados, etcétera.

Aún hoy es frecuente leer o escuchar que los “chavos de ahora son apáticos, consumistas y enajenados las 24 horas del día por sus Ipad u otros aparatos perversos del ‘imperialismo’”.

Quizá esa actitud conservadora esté detrás de la visión depresiva de la imposibilidad de que surjan movimientos nuevos que superen la crisis y la decadencia de los partidos electorales, como la que vive hasta los límites de lo grotesco el PRD a sus 25 años.

El 132 no estuvo exento de limitaciones, errores y hasta de actuaciones oportunistas de algunas de las “figuras” promovidas por ciertos medios; tampoco pudo evitar las intenciones de someterlo a la “agenda” electoral de AMLO y luego a las infantiles posturas de los promotores de las “acciones contundentes” y también a la presencia de provocadores o de agentes abiertos de los gobiernos del DF y de Peña Nieto.

Ha sido un movimiento original, que supo combinar las redes con el asambleísmo, enfrentar la candidatura de Peña Nieto y advertir su posible condición restauradora. A pesar de las descalificaciones supo mantener su autonomía y tuvo un ciclo temporal, como todo movimiento social. Así ocurre siempre.

Además de las movilizaciones del año 2012 y de otras expresiones recientes de los jóvenes, comienzan a ser analizadas sus aportaciones y limitaciones por algunos de los que participaron en ese movimiento. Comparto aquí algunas de las recién publicadas: “Los rasgos generales de las movilizaciones estudiantiles analizadas son la espontaneidad, la explosión organizativa, pero también la fragmentación de la dirección y, sobre todo, la discontinuidad de proyecto político […] son la muestra de que en el país existe una masa crítica que no está dispuesta a permitir un retroceso y que […] existe un sujeto estudiantil y juvenil que se manifiesta en las diferentes coyunturas […] el debate ideológico y estratégico y la construcción de objetivos a largo plazo son tareas que sin duda contribuirán a fortalecerlo en la lucha en contra del autoritarismo.”


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