Otro camino

La UNAM comienza a agitarse

La olla de presión puede estallar. La inadmisible situación de los académicos, sobre todo de los profesores, ha producido diversos movimientos en las últimas semanas.

Tal es el caso de la huelga de hambre en la Facultad de Derecho que comenzó los primeros días de febrero y cuyos participantes hace dos noches retiraron su campamento ante las amenazas del personal de vigilancia, el 11 de febrero. La protesta es contra el despido de 130 profesores, la anulación de elecciones al Consejo Técnico efectuadas el semestre pasado y la exigencia de concursos de oposición transparentes y equitativos.

En el CCH Sur, el miércoles 12, un centenar de profesores y estudiantes tomaron la Dirección del plantel (hecho inédito en la UNAM). Su protesta es contra el “plan de retiro” del rector Narro y por la asignación arbitraria de contratos a profesores “consentidos” de las autoridades en detrimento de otros.

Incluso en la Preparatoria 3 ha estallado un movimiento de estudiantes que protestan contra medidas “de vigilancia“, como la exigencia de credencial especial para acceder al plantel y la instalación de “cámaras de seguridad”.

Hace varias semanas se reúnen profesores de toda la UNAM, lo hacen en la facultad de Economía y se organizan en defensa de sus derechos laborales.

El descontento ante el “plan de retiro” del rector Narro, que propone otorgar algunos “estímulos” a profesores con 70 años de edad y 25 de antigüedad y otorgar dichas plazas a profesores menores de 37 años si son hombres y menos de 39 si son mujeres, ha puesto en evidencia  una realidad insoportable. Un alto porcentaje de profesores no tiene definidos sus ingresos; principalmente son hasta 4 o 5 veces mayores de su “salario base”, por lo que al jubilarse solamente obtendrán una mínima parte de ese ingreso y ello provoca el fenómeno de una planta docente “envejecida” con un promedio de edad de 60 años; todo eso impide que jóvenes con maestría y aun doctorado puedan acceder a una plaza de profesor o investigador en la UNAM.

La combinación de elementos estructurales de la UNAM, como lo es su sistema de gobierno, establecido en 1945; una política laboral que anula los más elementales derechos y la absoluta negación a los estudiantes de participar en la vida académica pueden hacer crisis y provocar un conflicto.

A partir de la renuncia de Pablo González Casanova en 1972 y la llegada de Guillermo Soberón, tras la huelga del Steunam, se frustró el intento reformista del primero, basado en la construcción de una universidad crítica desde el Colegio de Ciencias y Humanidades, para ir paulatinamente sustituyendo a la universidad conservadora del modelo “napoleónico”. En lugar de proseguir el modelo CCH al nivel licenciatura y posgrado, se distorsionó el proyecto y solamente se establecieron las ENEP luego convertidas en FES, cuyo único mérito fue el crecimiento de la matrícula estudiantil y de la planta de profesores.

La UNAM sin cambios en su estructura de gobierno, con una política de precariedad laboral para sus académicos, con arbitrariedad para su contratación y promoción y con exclusión de los derechos estudiantiles va rumbo al conflicto. La reforma universitaria es la solución.  

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