Otro camino

Resultó peor el remedio…

Casi todo mundo —es decir, buena parte de los que pueden opinar en la prensa escrita y ahora también en las redes, sin faltar ninguno de los bien pagados burócratas de los partidos, las universidades y todos los gobiernos con sus respectivas cámaras de “representantes populares”— repite a coro la “condena a la violencia” de los encapuchados y hasta consideran que Bakunin se sentiría ofendido por estos tirapiedras y a veces cobardes lanzallamas de policías, más o menos inermes.

Casi nadie habla de la ocupación policiaco-militar del centro de la ciudad, sobre todo del Zócalo.

A partir del desalojo del 13 de septiembre se instalaron vallas, arcos metálicos resguardados por policías de la PF y del DF y en algunos momentos por elementos del Ejército, donde registran (a veces de manera humillante y violenta) a cualquier persona que cruce por las calles aledañas o por el mismo Zócalo.

Ni siquiera durante el gobierno de Díaz Ordaz se llegó a estos extremos.

Lo más cercano fue el desalojo militar con tanquetas y fusiles el 27 de agosto de 1968. Desde altavoces instalados en Palacio Nacional nos advirtieron: se les ha permitido hacer su mitin, el Zócalo no es un lugar para permanecer indefinidamente; tienen 5 minutos para desalojarlo. Y a los 5 minutos exactos salieron los tanques y soldados.

Al día siguiente el gobierno inventó un “desagravio a la bandera” y presionó a los empleados públicos para que fuesen a ese “acto patriótico”. La gente se les volteó y empezó a corear: no somos acarreados, estamos con los estudiantes. Hubo hasta disparos desde la Suprema Corte de Justicia, pero no se les ocurrió “tomar” militar y policiacamente el Zócalo.

Es cierto que pasaron muchos años sin que se permitieran manifestaciones que llegaran a ese sitio “sagrado”, como bien señala Marta Recasens, fue hasta el Zócalo Rojo, en la clausura de la campaña presidencial de Arnoldo Martínez Verdugo, del PSUM, el 18 de junio de 1982, cuando se reconquistó el Zócalo.

Hoy, 31 años después, el gobierno federal de Enrique Peña Nieto (PRI), con el apoyo del gobierno del Distrito Federal (PRD), han cercado el primer cuadro de la ciudad con vallas y arcos metálicos, restringiendo el tránsito libre de las personas por esa zona y, por supuesto, prohibiendo cualquier manifestación que no sea de “apoyo” al señor presidente.

Tiendo a tratar de explicarme los acontecimientos políticos, en su contexto social e histórico; no me simpatiza mucho ver siempre conjuras o complós en todo movimiento social por extraño que parezca; sin embargo desde los acontecimientos del 1 de diciembre en torno a la Cámara de Diputados y sobre todo en avenida Juárez, después durante la manifestación del 10 de junio de éste año, durante algunos momentos de las manifestaciones de la CNTE y ahora con motivo del 2 de octubre se han repetido varios hechos: la agresión de pequeños grupos de jóvenes encapuchados a comercios, hoteles y policías usando desde piedras, molotovs, pequeños lanzallamas y cohetones. Algunos de ellos se ostentan como anarquistas. Da la impresión de un gran montaje para impedir las manifestaciones.

“El remedio antiviolencia” es peor: sitio policiaco del Centro.