Otro camino

Puebla: la perversión de una política

Según Aurelio Fernández, son más de un centenar de personas que han sido aprehendidas durante estos poco más de tres años del sexenio de Moreno Valle por manifestarse contrarias a las políticas y en este momento se contabilizan 31 presos de orden social; a esto hay que agregar la llamada ley bala y la muerte de José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo, de 13 años, quien murió el pasado 19 de julio por el impacto de un proyectil que le pegó en la cabeza durante el enfrentamiento, 10 días antes, entre la policía estatal y los habitantes de San Bernardino Chalchihuapan. Estos hechos represivos proceden de un gobierno de la “alianza” entre el PAN y el PRD, además del Panal.

No es la única vez que se han aliado el PAN y el PRD. Lo hicieron en Chiapas en el año 2000, llevando a la gubernatura a Pablo Salazar; también en Nayarit ganaron con el antiguo secretario de Finanzas en dos gobiernos priistas, Antonio Echevarría, El Tigre.

La “idea” para realizar estas alianzas PAN-PRD se basa en el objetivo de “derrotar al PRI”. Curiosamente casi siempre se han dado apoyando a un destacado priista a escala local o federal.

En el fondo ésa fue la “tesis” para apoyar a Cuauhtémoc Cárdenas en 1988; “ya llegó el que va a chingar al PRI” y también se expresó en los casi dos millones de votos procedentes del electorado de las izquierdas que votamos por Fox para “sacar al PRI de Los Pinos”.

Aunque en casi todos los gobiernos de la alianza PAN-PRD han ocurrido prácticas políticas tan negativas como las del PRI o, incluso, más, en el caso del gobierno de Moreno Valle se ha llegado a un límite muy grave: el uso sistemático de la represión contra sus opositores.

Cualquiera que sea el “balance” de las “alternancias” a escala federal, estatal o municipal, hoy no se pueden sostener esas alianzas perversas entre PRD y PAN.

El dominio del PRI dañó profundamente al país. Ni siquiera su época dorada : el “milagro mexicano” puede “justificar” su modelo autoritario sustentado en el corporativismo , el presidencialismo y la corrupción. Incluso, tampoco se “justifica” aludiendo al sexenio cardenista, como lógicamente lo hacen los cardenistas del PRD, de Morena y del PRI “nacionalista”.

Haber buscado las vías más insólitas para poner fin a su dominación, entre ellas la de apoyar a candidaturas de priistas disidentes, como Cárdenas y López Obrador y muchos más a escalas estatal y municipal, pudo haber sido válido.

Es más discutible haber apoyado y construido las alianzas PAN-PRD.

En cualquier caso, lo que está ocurriendo en Puebla es inadmisible.

Es muy importante detener las prácticas represivas antes de que sean una forma “normal” de gobernar, como lo fueron en la casi centenaria dominación priista. La restauración autoritaria puede llegar por muchas vías, no únicamente por medio del poder directo del PRI, sino mediante las “alianzas” PAN-PRD u otras semejantes.

Cada vez queda en evidencia el fracaso del camino “mexicano”, típicamente gatopardista, donde se mantiene el control de la partidocracia.

Hoy más que nunca urge una reforma democrática que le quite el control a esa oligarquía y abra la participación a todos los ciudadanos, sin restricciones.

 

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