Otro camino

Presidencia débil, movimiento sin rumbo

Un peligroso y tenso empate tras más de dos meses críticos es el panorama político de estos días.

Repito la cita de Manuel Castells publicada por Adriana Malvido en su excelente artículo de MILENIO Diario el 4 de diciembre. “Los movimientos sociales surgen siempre por una chispa de indignación, están las brasas ardiendo por muchos agravios, cuando un incidente enciende la pradera”.

La indignación debiese traducirse en un rumbo que convierta esa inmensa fuerza social en una profunda reforma del sistema político en decadencia, que dio origen a la cruenta cacería en Iguala y a la posterior desaparición de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa.

Cientos de miles movilizados durante 10 semanas han expresado un rechazo inédito al presidente Enrique Peña Nieto y a todos los partidos.

Esa fuerza social y política no puede mantener eternamente ese mismo nivel de movilización; cada vez se hace más necesaria una salida política que le dé rumbo a ese gigante que despertó tras la cacería de Iguala.

Para darle un golpe al poder del narcotráfico es preciso despenalizar la producción, distribución y consumo de las drogas, especialmente la mariguana.

Cada vez está más probado el fracaso rotundo y su secuela trágica de la “estrategia militar” como la llamada guerra de Calderón, con casi 100 mil muertos y unas 25 mil desapariciones, muchas de ellas enterradas en las fosas que aparecen por doquier en el territorio nacional.

Además de estas cifras infernales, desconocemos cuántos casos como Tlatlaya hayan ocurrido en el curso de esa “guerra”.

No solamente se trata de un fenómeno de Estado, en cuanto que en diversos niveles del mismo han penetrado los distintos cárteles, no solamente en Iguala, en Guerrero y Michoacán con gobernantes perredistas, sino en Sinaloa, Tamaulipas, Veracruz, Chihuahua con gobiernos del PRI y la contaminación de los poderes Judicial y Legislativo; la existencia de esa economía política criminal ha producido una descomposición social donde miles de jóvenes realizan funciones de productores, burros, halcones  y sicarios.

Para golpear con fuerza a ese proceso de narco-Estado no basta realizar la condena moral que está detrás de la consigna vivos se los llevaron, vivos los queremos, hay que romper el mecanismo que permite el funcionamiento de esa economía política infernal, mediante la despenalización de la producción, distribución y consumo de las drogas. No hay que darle vueltas.

Además de ello, la quiebra del sistema político exige una reforma radical del mismo.

Es necesario derogar el Cofipe, toda su reglamentación monopólica que impide la expresión de fuerzas distintas a la partidocracia.

Es urgente y posible abrir a todos los ciudadanos, especialmente a los oprimidos, la posibilidad de registrar sus propios partidos sin más requisito que contar con un programa y sus correspondientes estatutos, para que sean los propios ciudadanos los que determinen qué partidos deben existir mediante su voto.

Estas dos reformas son posibles, baste el ejemplo de países como Holanda, Uruguay y varios estados de Estados Unidos para la legalización de las drogas y el caso de España en lo político.

 

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