Otro camino

¿Podremos salir del delirio?

Según el procurador Murillo es casi seguro que los restos hallados en Cocula corresponden a los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa. Muchos, quizá decenas de millones lo pondrán en duda.

El poderoso movimiento moral y de rechazo a la clase política, en primer lugar al PRI y Peña Nieto, ha movilizado a cientos de miles en todo el país, principalmente estudiantes universitarios tanto de universidades públicas como privadas. También están sectores del movimiento social radical o marginal como la CNTE, el SME, los colonos de frentes tipo Francisco Villa y otros rurales.

En ese sector de la sociedad, que no es menor, se ha generalizado el clamor Fuera Peña.

Casi de la misma intensidad es el clamor contra los partidos. Los “líderes” del PRD (morales y formales) son repudiados. Todavía tienen cierta tolerancia hacia Morena y AMLO.

Este movimiento expresa una quiebra del sistema político. No es necesariamente una crisis política en el sentido clásico según Gramsci, donde lo viejo está muriendo y lo nuevo no acaba de nacer, aunque tiene mucho de ello. Tampoco es una crisis revolucionaria al estilo leninista, donde los de arriba no pueden seguir conservando el poder y los de abajo están a punto de tomarlo.

La maravillosa insurgencia social y su masiva expresión en todo el país y en todo el planeta por medio de protestas protagonizadas principalmente por estudiantes mexicanos las están intentando manipular todo tipo de demagogos.

Incluso Jesús Ortega, el jefe de los Chuchos, se dice víctima de un compló por haber planteado que la cacería de Iguala es un crimen de Estado. No faltan los estadólatras que publican desplegados y escriben defendiendo al Estado.

Los jefes del PRD pronuncian discursos radicales y se acusan entre sí.

AMLO dice que vivimos en una dictadura, pero sigue participando con un registro electoral a través de su partido Morena.

Ninguno de ellos , ni los senadores o diputados de todas esos partidos o franquicias , toma decisiones muy sencillas, como retirarse de las diputaciones, senadurías y todo tipo de representaciones a escalas estatal y municipal. Mucho menos hablan de retirarse de las elecciones y con ello poner en crisis al sistema político electoral. Nadie les pide una rebelión.

También está presente la indignación y el dolor de los familiares. No admiten que sus familiares estén muertos. Su consigna vivos los llevaron, vivos los queremos es muy estrujante.

Tarde o temprano, de manera real o manipulada, el asunto tendrá un final.

Obviamente que no será posible que los estudiantes y sus familiares e incluso cientos de miles o millones acepten la versión de la PGR. Es muy razonable su sospecha, dado que no se conoce la opinión de los expertos argentinos. Ni los de la Comisión Interamericana de la OEA.

Las tentaciones de actuar de manera frontal de parte de algunos sectores del movimiento se van a acrecentar. En el Estado y sus aparatos se van a poner en tensión las tendencias de tolerancia y las represivas, la típica confrontación entre halcones y palomas.

Si otra vez se actúa con estupidez estatal e infantilismo opositor, se habrá perdido una opción de avanzar. Es el momento de pensar.

 

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