Otro camino

Peña Nieto con los Castro, sin Fidel

“Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres. Éstos son los que se rebelan con fuerza terrible contra los que les roban a los pueblos su libertad, que es robarles a los hombres su decoro”, Fidel Castro, La historia me absolverá, 16 de octubre 1953.

 

La Revolución cubana que triunfó en enero de 1959 es uno de los grandes acontecimientos libertarios del siglo XX. Tuvo una inmensa influencia regional y mundial que contribuyó a cambiar al mundo. Echó abajo muchos mitos. Una rebelión popular podía derribar una dictadura. Ello era posible si conseguía unir a la gran mayoría de la sociedad y era capaz de anular el poderío de Estados Unidos. La gran hazaña la consumaron aquellos jovencitos barbudos “que al alba iban desnudos como si nacieran”, como dijo el poeta.

La existencia de la guerra fría y la hostilidad inaudita de los gobiernos de Estados Unidos impusieron al gobierno revolucionario de Fidel la necesidad de alinearse al bloque soviético. Esa contundencia de la geopolítica fue paulatinamente descarrilando el proceso cubano de su ruta libertaria. Uno por uno fueron cancelados aquellos rasgos creativos, imaginativos y autónomos de los primeros años.

Aparecieron las condenas a los disidentes, se cancelaron revistas y periódicos. Se construyeron “conjuras” para depurar las filas “de la revolución y del partido” de los “infiltrados” por el enemigo.

Las hazañas sociales de los revolucionarios: reforma agraria, alfabetización, salud pública gratuita y de calidad, y vivienda popular empezaron a contrastar con el desabasto, primero de artículos no básicos y luego de los más necesarios. Sin duda un factor que contribuyó a eso fue el infame y absurdo bloqueo gringo establecido desde 1962 hasta la fecha, que finalmente afecta más que a nadie a los sectores populares y facilita el discurso “patriota” de la dictadura de los Castro que suplantó a los ideales originarios de Fidel y sus barbudos.

Lo peor no ha sido el derrumbe económico, agudizado a partir de la caída del bloque soviético, que vivió días sombríos en el llamado periodo especial. Lo inadmisible fue y sigue siendo la prohibición de los más elementales derechos humanos y políticos.

Cíclicamente ocurren “purgas” o detenciones masivas, como las de hace once años en la llamada primavera negra contra los más de 70 disidentes, entre los que estaba el poeta Raúl Rivero, quien fue desterrado a España luego de permanecer varios años en prisión por el “delito” de divulgar sus opiniones a través de una terrible “arma imperialista”: una computadora.

Ahora mismo, con motivo de la Celac, fueron detenidos o puestos bajo custodia en sus domicilios decenas de ciudadanos. Aplicando, por cierto, el mismo método que empleaban los gobiernos mexicanos cuando visitaban al país presidentes extranjeros como Kennedy en 1962. Todo para evitar protestas “inconvenientes”.

Casi nadie defiende la dictadura de Stalin en la URSS; sin embargo muchos siguen defendiendo a la dictadura de los hermanos Castro, usando los mismos argumentos del stalinismo: la defensa del “socialismo” contra el imperialismo.

La fotografía de Enrique Peña Nieto con el anciano dictador Castro los exhibe.

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