Otro camino

Nacionalismo y neoliberalismo, falsa disyuntiva

La reforma energética, promulgada hace unas horas por Peña Nieto, expresó la disputa entre nacionalismo y neoliberalismo.

La intolerancia de ambos exige a todos subordinarnos a uno de los dos. Estás conmigo o contra mí.

El método empleado para aprobar esta reforma revivió con toda su fuerza al presidencialismo casi imperial de la primera fase del priato. En unos cuantos días se impuso el PRIAN en las cámaras de senadores y diputados y luego en fast track en la inmensa mayoría de los congresos estatales.

Para dorar la píldora al PRD aprobaron también una confusa ley reglamentaria del artículo 35 en torno a las consultas populares, que se ha convertido en un instrumento del PRI para escamotear la consulta de las reformas al 25, 27 y 28 constitucionales, con argumentos típicos del más ramplón arsenal leguleyo.

En realidad estamos ante dos bloques ideológico-políticos que dominan el escenario nacional.

En términos electorales el PRIAN y sus apéndices agrupan a más de 75 por ciento de votos, mediante los cuales se integra el Congreso de la Unión.

Hay, sin embargo, datos levantados por distintas encuestadoras donde más de 66 por ciento de los consultados se manifestó contra todo tipo de apertura a la inversión privada en petróleo.

Para superar esta contradicción u otras semejantes, se utilizan en buena parte del mundo las consultas, plebiscitos o referendos. Ésta es la única vía para superar la situación derivada de la reforma energética. No hay de otra.

Pero más allá o más acá del problema coyuntural, la verdadera cuestión es la existencia de la disputa por la nación entre el nacionalismo y el neoliberalismo, con todos los asegunes de uno y otro.

Para los nacionalistas de todo tipo (cardenistas, lombardistas, echeverristas, perredistas, pejistas y todos sus intelectuales orgánicos), los problemas nacionales surgieron a raíz del arribo a la Presidencia de los neoliberales encabezados por Miguel de la Madrid y fueron agudizados por Carlos Salinas (aunque muchos de los actuales opositores a la reforma energética formaron parte importante de su gobierno como Bartlett y Camacho, además de otros con cargos importantes a nivel de subsecretarías. Otros tantos lo hicieron como sus intelectuales orgánicos). Obviamente para los nacionalistas, los gobiernos panistas de Fox y Calderón constituyeron la peor de las desgracias para México.

El nacionalismo ha sustentado su rechazo a la reforma energética de Peña, aduciendo que atenta contra la soberanía al abrir la puerta a la inversión extranjera en materia petrolera. Llama la atención que omitan la inmensa cantidad de contratos existentes entre Pemex y diversas compañías, incluso extranjeras, en exploración y perforación; no se diga la totalidad de las más de 10 mil gasolineras concesionadas a particulares (se dice que muchas son de políticos de todos los partidos, incluyendo a muchos nacionalistas) y la transportación de gas que ha producido fortunas inmensas. El caso de la minería concesionada en su totalidad es escandaloso y los nacionalistas no han dicho media palabra en contra.

El neoliberalismo y el nacionalismo son ajenos a una opción social de cambio.

joeloj7168@yahoo.com.mx