Otro camino

¿Matar manifestantes es de izquierda?

No hay que darle vueltas: disparar y matar a manifestantes es criminal. Ya sea que las matanzas ocurran en Caracas, San Cristóbal o Carabobo; en Kiev o en Damasco. O la muerte de Juan Francisco Quinquedal Kuy a raíz de los enfrentamientos de la PFP y la Policía del DF el 1 de diciembre de 2012 en la toma de posesión de Enrique Peña Nieto.

Desde aquel Domingo Sangriento o Rojo en enero de 1905 en San Petersburgo hasta los casi cien muertos en Kiev, en las barricadas de la autonombrada “república autónoma de Miadán, han ocurrido múltiples matanzas contra manifestantes en casi todo el planeta.

Las ocurridas en Budapest en 1956, las de Praga en 1968 y las de Tian‘anmen en 1989, por mencionar algunas del “socialismo real”.

Las innumerables de los países del mundo capitalista y no se diga las de América Latina.

En México hay una larga y trágica utilización de las matanzas contra manifestantes. Solo por mencionar algunas: León en 1946, la Alameda en 1952, Tlatelolco en 1968, en San Cosme el Jueves de Corpus de 1971; Oaxaca y Atenco en 2006.

Defender la libertad de manifestación es una condición indispensable para cualquier persona, grupo o partido que pretenda ser considerado luchador por la justicia, la igualdad y la libertad.

Jamás será justificado utilizar las balas para reprimir una manifestación y causar la muerte de jóvenes como Livia Gouverneur, militante de la Juventud Comunista de Venezuela, en 1961 o la reciente de Génesis Carmona en Carabobo.

Las protestas que se iniciaron en una manifestación en Damasco, Siria, en marzo de 2011, reprimidas por el dictador Bashar al Assad, derivaron en una guerra civil que ha causado la muerte de 140 mil personas y millones de refugiados.

En Ucrania las manifestaciones contra el gobierno de Viktor Yanukóvich han causado la muerte de
más de un centenar de personas.

En Venezuela ya se suman varios muertos, decenas de heridos y un clima de enfrentamientos cada vez más furiosos entre los partidarios de Maduro y los de la oposición.

La cuestión de las libertades políticas y su defensa o supresión definen la naturaleza de los que asumen una u otra postura.

Cuando la CNTE realizó innumerables marchas y ocupó varios meses el Zócalo y luego el Monumento a la Revolución, hubo ataques de histeria demandando la represión y acusando a los maestros de “güevones”; a pesar de todo se mantuvo el respeto a los derechos de manifestación, aunque el Zócalo se convirtió en un lugar monopolizado por el PRI, PRD, Morena y el Ejército.

Hoy algunos de los que defendían el derecho de manifestación justifican la represión en Venezuela.

En la era del priato se nos acusó de “fascistas”, “coro fácil de la CIA” por el presidente Echeverría, esas mismas diatribas las lanza Maduro contra sus opositores.

No debiera existir la doble moral de defender el derecho de manifestación solo en los casos que nos convenga y justificar la represión contra “la derecha”.

Es muy lamentable que todavía existan defensores del autoritarismo y aún del totalitarismo, cuando ese fenómeno llevó a la debacle al “socialismo real” y favoreció al sistema capitalista hoy dominante a escala planetaria.

La defensa de las libertades es incondicional.

joeloj7168@yahoo.com.mx