Otro camino

Fin de un ciclo

Aparentemente el ciclo de los gobiernos nacionalistas, estatistas y de políticas clientelares estaría llegando a su fin en la región de Iberoamérica. A la derrota de Maduro en Venezuela, la de Cristina Kirchner en Argentina y el rechazo a la enésima reelección de Evo Morales en Bolivia, además de la crisis en Brasil de los gobiernos del PT, al extremo de la comparecencia de Lula ante la justicia y el creciente desprestigio de Dilma Rousseff, se suman las dificultades de Correa en Ecuador. La excepción son los gobiernos de izquierda de Chile y Uruguay.

El caso de Cuba es una síntesis compleja de la resistencia patas p'arriba de la dictadura castrista para sobrevivir a costa de la caída de sus propios mitos. Eso significará la visita de Obama a fines de este mes y en gran medida la joya de la corona de la decadencia castrista lo será el concierto gratuito que ofrecerán sus Satánicas Majestades en La Habana. Por cierto, como bien se dice en las redes, será una oportunidad de verlos, matando varios pájaros de un tiro, dado que es más barato pasar el fin de semana en la isla y de paso presenciar el inédito concierto de los Rolling Stones, que el precio de los boletos para verlos en el Foro Sol, aquí en nuestra recién bautizada Ciudad de México.

El fin del ciclo del castrismo hecho gobierno no debiese ser festinado por nadie. Ni por las derechas ni por el imperialismo ni por quienes buscamos otro camino.

La terrible desigualdad, la creciente violencia, los narcoestados, la crisis ambiental y la ausencia de horizontes de futuro para los jóvenes, las mujeres, los indios y el resto de los condenados de la Tierra son el producto indiscutible e inevitable del capitalismo, cuyo modelo neoliberal está colapsado y llevándose entre las patas al planeta.

La cuestión es que no solamente se desbarrancaron los gobiernos castristas en Iberoamérica, sino la quiebra del neoliberalismo y no se diga la de la socialdemocracia, como estamos presenciando hoy en España. Dice bien Pablo Iglesias que el PSOE debiese quitarse la S y la O. Resulta patético, por ello, proponer la opción socialdemócrata. Mejor busquemos el acuerdo del beso que propuso ayer Pablo Iglesias.

joelortegajuarez@gmail.com