Otro camino

Estudiantes contra el autoritarismo

Una vez más reaparece el movimiento estudiantil ahora en el Instituto Politécnico Nacional. Otra vez las autoridades, algunos “analistas” y el resto de la “santa alianza” defensora del inmovilismo se desgarran las vestiduras en su contra.

Los eternos agoreros de la “apatía” dominante en los jóvenes vuelven a quedar en ridículo: decenas de miles de estudiantes toman las calles, realizan asambleas y recurren a la huelga para combatir reformas a planes de estudio y nuevo reglamento interno del IPN, elaborados y aprobados a espaldas de los estudiantes y también de los profesores.

El movimiento se inició en la ESIA. En su pliego petitorio está:

A) Voto libre, secreto y directo de toda la comunidad de la ESIA-UZ al momento de elegir representantes de consejo, director y subdirectores.

B) Amplia difusión de la información del proceso de selección de consejo, director y subdirectores así como tiempo suficiente para conocer las propuestas de los candidatos.

Son las típicas demandas que exigen métodos democráticos en las escuelas para elegir a sus representantes y a las autoridades. Nada del otro mundo. Mucho menos el producto de “fuerzas externas”, como repite la directora general del IPN. Es la antigua estigmatización autoritaria. Esta torpeza ya la cometieron contra el movimiento #YoSoy132. No aprenden.

También vuelven a esgrimirse los vetustos “argumentos” usados desde décadas atrás, en el sentido de que sus demandas son intrascendentes y absurdas. Baste recordar que el movimiento del mayo francés de 1968 se inició por la demanda de dormitorios mixtos en Nantes y luego se convirtió en la mayor impugnación social al capitalismo francés de la segunda mitad del siglo XX. Además de su condición pionera en la rebelión estudiantil planetaria del 68.

Todos (casi) los movimientos estudiantiles de la historia y de todas partes comienzan por un “incidente  menor”; van formulando sus demandas durante el mismo movimiento; se inician por minorías activas que pronto se vuelven masivas; son apartidistas; son espontáneos; son antiautoritarias y celosamente autónomos. Reflejan un estado de ánimo de descontento social y político contra las “instituciones” autoritarias e incluso “democráticas” en decadencia.

La directora del IPN no debiese extrañarse de la súbita aparición del movimiento y su inmediata conversión masiva. No tiene por qué buscarle tres pies al gato, inventando “conjuras” “exóticas”, al estilo de Díaz Ordaz.

Probablemente en el discurso de algunos participantes del movimiento existan posiciones un tanto anacrónicas y de un cierto nacionalismo aldeano. Puede ser que mezclen genuinas preocupaciones con estridentes y paranoicas posturas. Eso y mucho más “errores” podrán señalarse en éste movimiento, igual que las hubo en el 68 mexicano y en otros que algunos pretenden contraponer al actual.

Lo que hoy debe cuestionarse es la existencia de unas estructuras autoritarias como las de la UNAM, el IPN y las de todas las universidades públicas. Es tiempo de iniciar un gran proceso de reforma universitaria con la participación de los estudiantes, los profesores, investigadores y trabajadores a nivel nacional. Llegó la hora.


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