Otro camino

¿Echeverrismo tardío, "izquierda democrática"?

En los primeros meses de 1988, el PMS realizó unas “elecciones internas” para designar a sus candidatos. Hubo unos resultados inverosímiles donde los candidatos del aparato obtenían votaciones mayores a las obtenidas en las “elecciones constitucionales” por el PRI. Desde entonces, una tras otra, las “elecciones” en el PRD han sido cuestionadas siempre. Lo mismo ha ocurrido en las recientemente efectuadas. Probablemente muchos de esos “cuestionamientos” se hacen para “negociar” prebendas.

El desprestigio de ese tipo de “elecciones democráticas” y las cinco derrotas sistemáticas a nivel nacional de los candidatos presidenciales desde 1988, ha producido un fenómeno esquizofrénico.  Personajes que han sido, por décadas, destacados miembros de gabinetes de gobiernos priistas; gobernadores, senadores, diputados, presidentes municipales y delegados postulados tanto por el PRI como por el PRD y en menor medida por otros de la chiquillada, así como destacados integrantes del IFE y/o los correspondientes órganos electorales a nivel local; se han convertido en “radicales” críticos de la democracia. Un “radicalismo” que no los lleva a dejar sus cargos o seguir promoviendo el registro de partidos y candidaturas a través del sistema electoral que dicen combatir.

Tanto en reuniones privadas como en expresiones públicas afirman: “¿de que ha servido la “democracia”, acaso se ha modificado la desigualdad? ...vivimos una dictadura ...jamás permitirán el triunfo de la izquierda en México... Todo dicho sin rubor alguno desde la comodidad de sus puestos de gobierno o de representación.

Su demagogia, por fortuna, no logra convertirse en acciones. Su “radicalismo” no los hace abandonar los corredores palaciegos, cuando mucho realizan algunos “berrinches” en su interior.

Curiosamente este tipo de “izquierda democrática”, además de medrar con esa “identidad” no tiene el menor reparo para defender los gobiernos priistas de los que muchos de ellos fueron parte o los que no lo fueron matizan sus críticas, inclusive al echeverriato, “rescatando su política nacionalista y social”.

Veinticinco años de predominio de esas corrientes al interior del PRD y el resto de sus satélites, consiguieron que las “manzanas sanas”, que procedían de partidos y grupos socialistas e incluso comunistas se “contaminaran”.

La restauración priista ha favorecido el resurgimiento de las viejas prácticas de los partidos paraestatales, como el lombardismo y la puesta en escena de los rituales de la “unidad nacional” hoy bajo el ropaje del Pacto por México. Para algunos epígonos de Peña Nieto ese “estilo” es sinónimo de “izquierda madura” y “moderna”. No así la de la estridencia y el “NO” sistemático.

Se trata de una disyuntiva falsa. Es posible mantener un política autónoma sin que ello implique aspavientos infantiles, sino la promoción de una alternativa de transformaciones viables; como lo han sido los múltiples movimientos extra parlamentarios, desde el 68 hasta el yo soy 132. Con avances y retrocesos. Sin fantasías mesiánicas.

No hay mal que dure cien años. Surgirán nuevos movimientos con protagonistas insólitos y con iguales formas de lucha.

 

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