Otro camino

Doble muerte

Ante el infernal multihomicidio en la Narvarte, vale la reflexión de Zygmunt Bauman: “La globalización se ha convertido en la tercera, y actualmente, la más prolífica y menos controlada, cadena de montaje de residuos humanos o seres humanos residuales”.

Esas no personas o desechables son las víctimas permanentes de este modelo y más despiadadamente las mujeres.

Al enterarme del quíntuple homicidio en la Narvarte me acordé de la conversación que escuché en un viaje en el Metro: —Comadre, ayer mi yerno golpeó a mi hija. —No me diga. —Sí, pero ya le dije que se porte bien y no entiende.

El nivel de criminalidad y la crueldad con la que los sicarios cumplen la encomienda de eliminar a los “enemigos” del Estado, como los define el Derecho Penal del Enemigo, se recrudece cuando de mujeres se trata.

Entre los factores endógenos y exógenos que conforman la descomposición del tejido social están cada vez más presentes los de la violencia de género.

Asesinar a cualquier persona por cualquier razón no tiene nombre, más grave es sí se trata de un crimen contra la libertad de expresión, pero peor aún sí existe negligencia del Estado para investigar y castigar hechos que evidencian un feminicidio.

Para los autores intelectuales, Rubén Espinosa mereció un tiro de gracia; los autores materiales de este crimen encontraron la oportunidad y se esmeraron en causar daño y sufrimiento físico, sexual y psicológico a las mujeres. Las mataron una, dos, mil veces, antes de quitarles la vida.

Vomitar su desprecio hacia mujeres como Nadia Vera, por su activismo social contra las injusticias del sistema; Mile Virginia Martín, la “colombiana”, la más etiquetada y estigmatizada como extranjera y puta; Yesenia Quiroz y Alejandra (sin apellido), estas dos últimas menos valor han tenido para todos, inclusive para los medios de comunicación, la primera porque nadie reclama su memoria, la segunda por ser una “simple” trabajadora doméstica, provoca la reflexión sobre la impunidad existente para castigar los delitos cometidos contra las mujeres.

La exigencia de no impunidad no debe excluir la probable responsabilidad del gobernador Duarte, lo que agravaría aún más este crimen.

 

joelortegajuarez@gmail.com