Otro camino

Desencanto con la democracia

Existe una gran insatisfacción con la democracia en México. Según el Latinobarómetro en su oleada 2011, solo 3.8% de los encuestados en nuestro país se dijo “muy satisfecho” frente a 8.8% en Argentina. “No muy satisfecho”, 46.9% ante 37.2% de Argentina. Y se expresó solo 39.6% ante la democracia como preferible a cualquier otra forma de gobierno y un preocupante 36.3% manifestó que “a la gente como uno nos da lo mismo un régimen democrático”.

A estos datos hay que agregar que una tercera parte de los electores consideró que hubo fraude en las elecciones presidenciales de 2006 y 2012.

Si a lo anterior sumamos la opinión desfavorable para los diputados, senadores y demás representantes, se conforma un cuadro de gran rechazo a la incipiente democracia mexicana.

Para una inmensa mayoría el término democracia se asocia con la electoral o representativa. No conozco datos en torno a cuestiones como libertad de palabra, de manifestación, de prensa y otras típicamente democráticas.

Con mucha frecuencia la gente valora la democracia en relación con su calidad de vida y sobre todo con su condición económica. El estancamiento de varias décadas de nuestra economía y la sistemática caída de la capacidad adquisitiva de los salarios, el desempleo, que afecta incluso a los egresados de las universidades; la precariedad de los derechos laborales, la escasa y deficiente vivienda, la baja calidad de los sistemas de salud pública, la debacle educativa en todos los niveles, sin excluir a las universidades y a la UNAM; todo lo anterior y fenómenos como la violencia, la corrupción, la discriminación étnica, de género y muchas más fortalecen el veredicto de decepción democrática.

El desencanto democrático no siempre favorece el fortalecimiento de opciones autónomas. Frecuentemente facilita la consolidación del monopolio político.

Después de poco más de 25 años del proceso contra el sistema de “partido prácticamente único”, la ruta zigzagueante pareciera estar tomando una tendencia regresiva.

La partidocracia está atrincherada defendiendo su monopolio electoral. Los requisitos para registrar partidos, no se diga las candidaturas apartidistas, erróneamente llamadas “independientes” (de quién) o “ciudadanas”, hacen totalmente imposible la vía electoral para propuestas y opciones ajenas a los poderes fácticos u oligárquicos.

El control del organismo denominado INE por la partidocracia y un grupo de “expertos” le asestó un golpe casi mortal al IFE, que en su momento condujo el proceso electoral de 2000, único no impugnado o cuestionado en la historia electoral del país.

La desolación ante la democracia electoral se complementa con el control absoluto de los trabajadores, de los patrones mediante las “cámaras” de afiliación forzosa, la simulación en el medio campesino y un inmenso mundo de aparatos corporativos que anulan la autonomía en todos los ámbitos de la vida social y civil.

Vivimos además un creciente protagonismo del presidencialismo, como ocurre en Michoacán.

Los callejones sin salida se pueden evitar.

Surgirán nuevas vías para realizar los cambios que exige una sociedad inmersa en el siglo XXI.

joeloj7168@yahoo.com.mx