Otro camino

Desechables

Tlatlaya, Ayotzinapa, Iguala y Apatzingán, por mencionar los crímenes recientes en México, y ahora los 12 muertos en la revista Charlie Hebdo, más la secuela de muertos en la persecución de los supuestos autores de esta inadmisible matanza de periodistas en París, forman parte de una ruta siniestra donde las personas, y muy frecuentemente los jóvenes, son menos que objetos desechables.

En ningún caso pueden justificarse los asesinatos como “método” para eliminar a los adversarios o los críticos de un Estado, de un grupo de criminales o de una religión, menos aún de una etnia, cultura o preferencia sexual.

El analista Owen Jones publica en The Guardian, el periódico de izquierda británico, una interesante reflexión para evitar una campaña antiislámica con el pretexto de combatir las acciones criminales de fanáticos que se escudan en el islam.

Pone como ejemplo la conducta del gobierno Noruego en defensa de la apertura cultural, ante la matanza de muchachos en un campamento en la isla de Utoya hace unos tres años y medio, que hizo un fascista para poner alto a la “islamización”.

Nunca podrá defenderse una acción criminal como la cometida en París contra los caricaturistas y el resto de periodistas de Charlie Hebdo.

Tampoco debe tolerarse el surgimiento de prácticas de persecución a los musulmanes en Francia y Europa, o fuera de esos países, con el pretexto de combatir a los fundamentalistas.

Sin duda el fenómeno de la migración y la condición multicultural de casi todos los países europeos no ha logrado construir una política exitosa. Es sintomático que muchos jóvenes nacidos en esos países, pero de raíces árabes o de otras regiones del mundo, aún teniendo varias generaciones de vivir ahí, sigan sintiéndose ajenos. 

Además de los problemas de tipo cultural, los jóvenes en esos países tienen un horizonte muy negro en todos los planos: empleo, vivienda, educación, salud.

Son desechables.

Esa misma condición la tienen millones de jóvenes en México.

La violencia cotidiana se manifiesta de múltiples maneras, una terrible es la que los lleva a realizar diversas funciones en el mundo del narcotráfico. La más estrujante es la de los chavos que realizan tareas de sicarios. Se convierten en asesinos de otros por unos cuantos pesos. Casi de la misma manera, otros cientos de jóvenes se ven obligados a desempeñarse como policías. Se produce una verdadera pesadilla: jóvenes convertidos en asesinos de jóvenes. La guerra entre los pobres se manifiesta de esta y otras formas incluyendo la que ocurre cuando se enfrentan policías con algunas expresiones de provocación y violencia procedentes de pequeños grupos radicalizados genuinamente o de plano infiltrados por el Estado y sus diversos aparatos.

El movimiento contra el despotismo estatal en México, o contra las perversiones fundamentalistas o el antiislamismo en Europa y Estados Unidos, no puede hacer excepciones y justificar la violencia criminal como “método” para “resolver” las diferencias.

Al escribir lo anterior me descubro diciendo algo que suponía casi totalmente asumido por Estados y los diversos grupos. Ante lo que está ocurriendo en Francia y en México, defendamos la libertad.

 

joeloj7168@yahoo.com.mx