Otro camino

Crónica de una larga travesía libertaria

La izquierda mexicana en el siglo XX es una aventura intelectual. En el tomo dos que pronto publicará la UNAM tratamos los movimientos sociales del siglo XX mexicano, viajamos del telégrafo de los villistas a la internet de los comunicados de Marcos.

La huelga libertaria de Río Blanco, esa huelga y la de Cananea seguidas por los Clubes antirreeleccionistas, luego la rebelión armada contra el fraude el 20 de noviembre de 1910, las tomas de Ciudad Juárez y Chihuahua que obligaron al dictador Díaz a pactar con los revolucionarios, renunciar y salir rumbo a Europa, admitir unas nuevas elecciones y aceptar el triunfo de Madero; todo eso gestó el proceso de la Revolución mexicana. Fue una revolución popular derrotada.

Luego vino la borrascosa asonada de la decena trágica y una larga guerra civil, hasta la aprobación de la Constitución en Querétaro, que solo empezó a aplicar su contenido social hasta el cardenismo.

La estabilidad del régimen del Ogro Filantrópico que embelesó a muchos calificándola de “milagro mexicano” fue posible por el control corporativo usado para exterminar cualquier resistencia social en el mundo obrero, campesino y popular.

Al movimiento ferrocarrilero de 1958-59 y las luchas magisteriales de 1956-60, el Estado respondió con brutalidad. A la ola obrera la sucedió una oleada rebelde estudiantil a lo largo de los 60. La rebelión se combinó con el rock, el cine, el boom latinoamericano, las revoluciones de independencia en África y Asia y la esperanzadora revolución de los barbudos de verde olivo.

Entre tanto, centenares de jóvenes tomaron las armas y sufrieron la más despiadada guerra sucia. Los trabajadores tomaron la antorcha libertaria. Durante los años 60 y 70 los campesinos invadieron tierras por todo el país. Apareció la insurgencia sindical en los sectores fundamentales del mundo obrero: electricista de la tendencia democrática, mineros, automotrices, refresqueros, textiles, telefonistas y universitarios lucharon e hicieron la última resistencia al neoliberalismo.

Se buscaron y conquistaron otras rutas. Las izquierdas optaron, en buena parte, por la lucha político-electoral.

El sismo de 1985 despertó a la sociedad urbana y nació un gran movimiento urbano popular.

La mayor escisión del partido prácticamente único se produjo en 1988. Una gran coalición electoral fue defraudada con la “caída del sistema”. En los últimos años del siglo XX apareció el movimiento indígena con el EZLN. Su rebelión sacudió al país y al mundo.

En el año 2000 todo indicaba que sería posible derrotar al PRI en las elecciones. No se pudo consolidar la alianza opositora. La izquierda se quedó a la orilla del río. Se pudo derrotar al PRI sin balas de por medio, pero mediante una victoria panista. La transición se frustró.

En el siglo XXI se produjo la restauración priista. Ante ella surgió un inmenso movimiento social de rechazo, pero que no se ha convertido en un cambio político.

Los retos para el movimiento social, cultural y político son inmensos e inéditos. Es tiempo de abandonar el dogmatismo. 

Solo con imaginación, talento, tolerancia y con los jóvenes al frente se podrá construir un nuevo comienzo.

 

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