Otro camino

Construir un nuevo camino

La falta de propuesta facilita todo el manejo y la  manipulación del Estado. Es el momento de iniciar un camino diferente.

Entre la melancolía y la depresión he visto que transcurren muchas de las conversaciones de un sector de las izquierdas. No deja de sorprenderme esta actitud, producto de la educación desvirtuada de exaltar la cultura del victimismo y descuidar todos los pequeños o grandes logros del movimiento. A fin de cuentas con esta actitud, sin quererse, se facilita el dominio de la cultura dominante. ¿Cómo se puede aspirar a cambiar no solamente al régimen sino el sistema político económico y social del capitalismo si se tiene ante el mismo una conducta de lamento, de queja y no de propuesta de programa? Por lo pronto resulta imposible dar respuesta a cada una de las diversas situaciones cómicas y trágicas que estamos todos los días viviendo como producto de la decadencia política. De tal manera que por más estridencia en la denuncia, finalmente nos sometemos a la dinámica que determinan los medios, los distintos poderes fácticos, que todo lo sitúan en el marco de una sistemática frivolidad en la que se exaltan los escándalos de corrupción, las detenciones, ejecuciones y fugas de jefes de los diferentes bandos del narcotráfico. Todo nos induce a pensar que hay una estrecha vinculación entre esas bandas y diversas instancias de los poderes federales, estatales, judiciales, políticos y el conjunto de las instancias de poder que cada día pierden legitimidad y en esa misma medida son cada vez menos sujetos a la rendición de cuentas.
¿Qué tanto contribuye a efectivamente poner un grano de arena en la ruta de la transformación esta postura de lamento de ausencia de opción?

No sirve de mucho reaccionar ante procesos de decadencia como el de Michoacán ni el considerar que éste es un asunto que no se reduce a ese estado; ahora bien, si cada vez la respuesta tiene un tono aparentemente moral, ético, no será posible construir un proceso capaz de ir paulatinamente y desde la base erradicando todos estos fenómenos de perversión que están presentes en el gobierno federal. Sin duda que existen vínculos y complicidades a nivel del conjunto del Estado. Es absolutamente imposible considerar que todas estas impunidades de las bandas del narcotráfico ocurran sin la tolerancia de los diversos niveles de los poderes, tanto estatal como federal, Judicial, Ejecutivo y Legislativo. Dicho de otra manera más simple: si no se va formando una cultura que comprenda que solo la fuerza organizada de la sociedad, de sus partes más significativas, aquellas que están ubicadas en los sectores productivos; sin esa paciente, compleja lenta labor, esa difícil vía de sistemática construcción de esa fuerza alternativa será imposible realmente frenar esta decadencia y sobre todo construir una salida que atienda los intereses sociales. Hoy, mañana y pasado no será suficiente estar a la expectativa de aquellas acciones en las que el Estado pretende legitimarse y ante las cuales hay que tener una sistemática desconfianza.

Es muy positivo sostener esa desconfianza, pero si solo no reducimos a eso, en el fondo estamos actuando de una manera pasiva, en la que la falta de propuesta facilita todo el manejo y la manipulación del Estado. Es el momento de iniciar un camino diferente.

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