Otro camino

“El Chapo” no es el único narcotizador

Todas las variantes de la tesis del camino al socialismo a través de la Revolución mexicana han sido un factor de narcotización (adormecimiento) de la sociedad mexicana. Todo ese fenómeno de panegiristas del Estado revolucionario ha sumado a muchos militantes de las izquierdas antigobiernistas, incluso a algunos dirigentes del movimiento estudiantil del 68 y muchos ex militantes del PCM, de la Liga Comunista Espartaco y de otros grupos maoístas, trotskistas, así como antiguos luchadores sociales.

Gran parte de su conversión al nacionalismo revolucionario está ligada a su devoción por el castrismo y a su orfandad resultante del derrumbe del campo socialista soviético.

Conscientemente o no, esas “izquierdas” nacionalistas y estatistas han adoptado las posturas autoritarias y casi totalitarias del priismo, según las cuales solo había un Proyecto de Nación que ellos encabezaban y quien se apartase de él era reaccionario o enemigo de la patria. Su delirio nacionalista es infinito.

El pensamiento y la cultura libertaria han sido sepultados por las culturas estatistas, nacionalistas tanto en el PRD como incluso en muchos grupúsculos de izquierda.

Las transiciones democráticas que se vivieron durante los tres últimos decenios a escala mundial repercutieron en el proceso mexicano de reformas políticas para desmontar el viejo régimen autoritario.

Estas transformaciones se dieron a través de previos ajustes en el viejo modelo económico que fueron liberalizándolo e incorporándolo al sistema económico mundial globalizado.

La inevitable tendencia democratizadora en el panorama latinoamericano ejerció una enorme presión para liberalizar al viejo régimen autoritario mexicano, basado en el presidencialismo imperial y el corporativismo.

El pluralismo engendrado por la transición-restauración ha producido un monstruo: el viejo PRI se transmutó en tres. El tricolor tradicional, su gemelo el negro-amarillo y el azul, que asumió sus costumbres y prácticas corruptas.

Se trasladan de un partido a otro figuras que se han eternizado en los diversos aparatos de Estado. Antiguos e intolerantes miembros del PRI se convirtieron, de un día a otro, en radicales dirigentes del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y algunos del mismo Partido de Acción Nacional (PAN), llegándose a dar casos verdaderamente chuscos. Pero el fenómeno del trapecismo político no ha sido solamente del PRI hacia sus aparentes opositores, sino de éstos hacia las filas del viejo partido autoritario.

El trapecismo político no solo se produce en la esfera directamente política (partidos, parlamento, gobiernos), sino que está presente en las universidades, en las instituciones culturales y en todas las estructuras de poder.

Hoy existe un gran desencanto en el conjunto de los mexicanos, que suele oscilar del repudio furioso a toda la clase política hasta el cinismo ominoso que se transforma en complicidad.

La suplantación favorece la decadencia política del Estado y con ello el fortalecimiento de los poderes fácticos, entre ellos los de las bandas de narcotraficantes. El “caso” de El Chapo Guzmán es la punta del iceberg.

joeloj7168@yahoo.com.mx