Otro camino

Aeropuerto: el pacto real

Casi todo en la vida requiere de alianzas, de acuerdos, de pactos, esa es la verdad aunque muchos lo nieguen o las alianzas se conviertan en insoportables como los matrimonios. En política, los pactos o alianzas son prácticamente su esencia. Incluso las guerras tienen momentos donde se acuerda, se pacta, se negocia. La cuestión, entonces, no es considerar siempre y en cualquier parte a los pactos como nefastos. Depende para qué se hacen y entre quiénes. Es peor hacer acuerdos o reuniones negándolas y condenando como traidores a todos los que las proponen, como ocurrió después del fraude de 1988.

Enrique Peña Nieto presumió como un elemento clave del inicio de su gobierno el Pacto por México, al que le atribuyó la promoción y aprobación de sus “reformas estructurales”. Incluyó a quienes no acordaron todas las reformas, es decir al PAN en la hacendaria y al PRD en la energética. Muchos comentócratas están fascinados con ese estilo de Peña Nieto, han tocado las campanas celebrando que, por fin, se “destrabaron” las reformas pendientes desde hace décadas, por falta de acuerdos de los partidos y que ahora habrán de conducir al país por el sendero del progreso y del cambio modernizador.

El riesgo de esas festinaciones es que no se consumen esos famosos  cambios o que sean éstos pactos, signos de la reconstrucción del viejo presidencialismo de la era del carro completo, como se pudo ver en el acto del señor presidente en Palacio Nacional, con todo y el Zócalo convertido en estacionamiento y con sus valet parking, sin los molestos plantones, ni siquiera los jaloneos al estilo de Noroña. Todo en santa paz.

En éste marco de celebración del pactismo se anunció la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, en las “inmediaciones” del actual, es decir en el municipio de Texcoco en el Estado de México. Casi el mismo sitio donde lo intentó Fox con un fracaso rotundo, derivado principalmente de la resistencia campesina en Atenco. Cuya represión, recordada por los estudiantes de la Ibero gestó el movimiento yo soy 132, que le costó 20 puntos a Peña Nieto.

Ahora Peña Nieto está construyendo un pacto con ciertas fuerzas de los poderes fácticos para la construcción del aeropuerto de Texcoco. Ha designado a un grupo empresarial para el diseño arquitectónico donde  participa el yerno de Carlos Slim, Fernando Romero, sin que se sepa si hubo concurso o licitación para un proyecto de una inversión de más de 120 mil millones de pesos, “un emblema del México moderno y uno de los más grandes del mundo” EPN.

Para que no quepa duda de la inmensa capacidad de negociación de Peña Nieto ha designado al ex gobernador de Hidalgo Manuel Ángel Núñez como director general del Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México, precisamente quien encabezó el proyecto alterno en Tizayuca al de Texcoco durante el gobierno de Fox . Así opera la “disciplina” priista en favor de los “más altos intereses de la patria”.

Tanto la asignación al yerno de Slim, Fernando Romero, como la designación de Manuel Ángel Núñez, son la construcción de un pacto real con algunos poderes políticos y fácticos relativamente excluidos.

 

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