Empatía Popular

Los niños no deben luchar contra el cáncer

La  felicidad e inocencia de un niño, algo tan puro, invaluable, llena los huecos de los hogares, de las familias. El deber de un niño es ser feliz, nada más, así como aprender de la vida, jugar, correr, bailar, es el propósito de la infancia.

Así debería de ser.

Pero a veces la vida nos pone en otro tipo de sendero, esos caminos escabrosos, difíciles de avanzar. Algunos los toman como pruebas, otros como castigos.

Todo padre que ama a sus hijos sufren cada vez que están tristes, decaídos, pero más que nada cuando están enfermos.

Cuando la enfermedad que padece un hijo es cáncer, entonces toda la luz que existe en la vida se apaga para el padre de familia, la fortaleza se debilita y no ve el final del túnel.

Pero las ganas que tienen los niños por vivir, por salir adelante, superar todas las barreras, son la motivación infinita para no decaer, para alzar la cara y luchar, cueste lo que cueste, por la vida de los hijos.

Y así esta semana se celebró, como cada año, el Día Internacional de la Lucha contra el Cáncer Infantil. El 15 de febrero los hospitales se vistieron de alegría, misma que llevaron a estos pequeños guerreros de la vida para sacarles, aunque sea por una ocasión, un momento de paz, tranquilidad y risas que los ayuden a sobrellevar su situación.

Un poco de “cariñoterapia” no le hace daño a nadie, tanto para los niños como para sus padres, como ocurrió en el Hospital Civil de Tampico “Carlos Canseco”, donde un grupo de nobles seres humanos disfrazados de payasos fueron los autores de provocar las carcajadas de los pequeños, quienes a pesar de tener tapabocas para prevenir infecciones debido a su delicado estado de salud, no fue impedimento para que la melodía de su voz brotara.

Tan solo en este nosocomio son 32 los niños que se atienden contra el cáncer, de los cuales el 80 por ciento tienen leucemia aguda.

Este es el tipo de cáncer más común en los niños, en los glóbulos blancos de su sangre, creando células anormales que dificultan que la sangre cumpla su función.

“Esto no debería de ser. Un niño no debe padecer estas enfermedades. No debe de tener cáncer”.

Es el grito desesperado de los padres que tienen que ser más fuertes frente a ellos, los pequeños que tienen que soportar las quimioterapias, que desgastan su organismo aunque sirva para atacar la enfermedad.

Un tratamiento de 30 meses en un menor llega a costar 3 millones de pesos, el cual es costeado por medio de un seguro catastrófico, sin el cual sería prácticamente imposible pagar para una familia promedio.

Hagamos conciencia. No echemos en saco roto la salud de nuestros hijos, y oremos por aquellos que lucha cada día, para que no dejen de sonreirle a la vida.