Empatía Popular

Ni modo, a “comprar” la seguridad

La zona sur de Tamaulipas, y en general todo el estado, aún adolece por la situación de inseguridad que se vive.

No se niega el hecho de que el Gobierno de Tamaulipas se ha movido, hace lo que se encuentra en sus posibilidades, con reuniones y mesas de trabajo, junto a funcionarios de la talla del mismo secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong.

Sin embargo, en voz de los verdaderos involucrados en la situación, como lo son los empresarios y ciudadanos, los hechos se siguen quedando dentro de esas reuniones, pues en la práctica, en las calles, la situación no mejora.

El problema sigue siendo el mismo, como desde el principio, la falta de policías que cubran las colonias, que hagan sentir a los maleantes su presencia.

Tanto es así que la gravedad del problema en Reynosa se tuvo que atender con un refuerzo de elementos de la zona sur.

Los alcaldes saben que no pueden dejar de lado la necesidad que tiene aquel municipio en estos momentos, como alguna vez la sufrió esta zona; pero en el fondo sí les pega un poco el hecho de que les quiten los pocos elementos que rondan en Tampico, Madero y Altamira.

El Grupo de Coordinación en la Zona Costa reveló que la vigilancia en estos municipios es repartida entre la Sedena para Tampico, la Marina en Madero y la Policía Federal en Altamira, con el objetivo de no amontonarse al responder a una situación de emergencia.

Sin embargo, pese a este despliegue de elementos ordenados estratégicamente, algunos sectores de las ciudades han preferido implementar sus propias medidas de protección.

En la colonia Tinaco de Ciudad Madero se han colocado alarmas de pánico, hechas rústicamente por los mismos habitantes (y por cierto más baratas que las instaladas en Ciudad Victoria y que nunca funcionaron), para que se alerten cuando ocurra alguna situación de riesgo o noten gente sospechosa rondando en el sector.

Otros sectores “pudientes” de Tampico intentaron convencer al delegado de la PEA, Alejandro Beaven, de que si les compraban patrullas se usaran para vigilar exclusivamente sus colonias, a lo que el Mando les dijo que no, que no por ser “ricos” tienen más privilegios que otros ciudadanos de menor poder adquisitivo.

Así está la desesperación por “comprar” la seguridad.