Empatía Popular

¿A dónde se fueron los caballeros?

Un experimento que realice esta semana en los camiones del transporte público me dejó un resultado más que lamentable, vergonzoso: los hombres no tenemos educación.

Por obvias razones me dirijo a una mayoría, por supuesto que hay excepciones. Pero ¿por qué les digo esto?

Decidí empezar este análisis del comportamiento de las personas que frecuentamos los servicios de transporte en la zona conurbada, una pequeña muestra, en el sentido de ver cuántos pasajeros ceden sus asientos ya sea a mujeres embarazadas, personas de la tercera edad o con alguna discapacidad.

Abordé 5 camiones de diferentes rutas a temprana hora (cuando la mayor parte de la población va a trabajar), traté de elegir el transporte que llevara más gente de pie para determinar más fácil el problema, y vaya sorpresa.

De 10 pasajeros que iban sentados en los primeros asientos, hombres y mujeres en buenas condiciones físicas, en promedio solo dos se levantaban al ver a una mujer embarazada, anciano o persona con discapacidad subir a la unidad. Esas dos personas que se levantaban eran mujeres.

Sí, mujeres, jóvenes e incluso mayores se ponían de pie de sus lugares para cederlos a quienes creían que lo necesitaban.

En este caso los hombres perdían la mirada, volteaban a las ventanas, abrían y cerraban los ojos simulando estar dormidos, una desgracia total.

Una de las pasajeras me relata, luego de preguntarle alguna situación incómoda que le haya sucedido mientras usaba el camión, que ha visto de todo en cuanto a las actitudes de “los hombres” (hace comillas con sus dedos).

“Cuando estaba embarazada hubo una vez que me subí al autobús, pagué y no había asientos, todos ocupados, varios fulanos me vieron y no se movieron, me quedé agarrada del tubo varios minutos, tuve que decirle a un señor si me podía dar el asiento y éste no me respondió, solo veía hacia al frente; una señora a un costado fue quien se paró para darme su lugar. ¿Qué les pasa a los hombres?”

Y no solo en el transporte público, también la ausencia de caballerosidad, educación vaya, se hizo presente hasta en el hospital.

“Fui a la cita con mi médico familiar al IMSS y los asientos de espera estaban ocupados, pero había uno en particular donde estaba un muchacho, de unos 23 años jugando con su celular, y a un lado de él su mamá un poco mayor. Me puse casi frente a él con la esperanza de que me diera el lugar pues me dolían los pies por el embarazo. Pasé a mi consulta y nunca me dio el asiento”.

Los hombres nos debemos casi en todo a las mujeres. No las defraudemos, somos caballeros.