Empatía Popular

“No basta decir soy padre, sino hay que saberlo ser”

Esta semana despejé muchas dudas y creencias que tenía sobre el funcionamiento de las guarderías.

Debo reconocer que la percepción que tenía del trabajo de estos lugares, de cualquier tipo de afiliación, era negativa. Siempre he creído que el trato que le das a tu hijo nunca se va a comparar con el que van a recibir en otro lugar, ajeno totalmente al calor y amor del hogar.

Qué equivocado estaba.

Las guarderías son los lugares que prácticamente corrigen a los padres de familia.

En mi aventura como primerizo en el mundo de las responsabilidades paternales, que muchos más deben coincidir conmigo, tenemos siempre a los hijos con una barrera protectora que no queremos que nada les pase, ni siquiera que vuele cerca de ellos una mosca.

En cambio los padres que ya tienen “experiencia” en el control de los pequeños, con dos o tres hijos, también han adoptado ciertas prácticas, o mañas, para hacer que las guarderías, que de cierta manera son sitios encargados del cuidado temporal del niño mientras la madre o padre trabajan, a veces son usadas como bodega de menores para que los padres puedan hacer lo que les plazca durante el día.

Y es que existen casos de jefes de familia que, según las reglas de las guarderías, si se incapacitan, descansan o tienen vacaciones, los niños no deben asistir a la estancia.

Ahí es donde la experiencia, para mal, aflora en algunos papás. Deciden ir a dejar a sus hijos, ya sea medio o el turno completo, mientras ellos se van de compras, a comer o simplemente descansar de una gran responsabilidad como lo es un hijo.

El teatro se les cae cuando en las guarderías averiguan constantemente los horarios laborales de las y los afiliados, además que de manera irresponsable cuando el menor se enferma, los padres son imposibles de localizar, dejando al niño a su suerte junto a sus cuidadores, quienes tienen que actuar rápidamente durante la emergencia.

A largo plazo no les deberá sorprender que los hijos se vuelvan también irresponsables y descuidados en sus actos, debido a que eso fue lo que aprendieron de sus progenitores.

Las guarderías se encargan de apoyar a los padres trabajadores que buscan darle una vida digna a sus hijos, forjada en la educación, el respeto, la responsabilidad y sobre todo el amor hacia la familia.

Tal como lo dice un diálogo de una famosa película de Hollywood llamada “Gladiador”, donde el emperador de Roma le dice a su heredero: “Tus fallas como hijo, sin mis errores como padre”. Aprovechemos el tiempo que tenemos con nuestros hijos, pues cuando menos lo esperemos, los papeles se voltearán.