Empatía Popular

Hogar… ¿dulce hogar?

Es increíble la cantidad de páginas en las redes sociales, como Facebook, donde se ofertan a la renta o venta viviendas en la zona conurbada, pero a unos precios exorbitantes para quienes cuentan con un sueldo muy por debajo de sus posibilidades.

Tal parece que quienes anhelan tener un hogar digno, que no se caiga a pedazos, es un sueño lejano si percibes un salario de 4 mil pesos al mes (base en una gran cantidad de trabajos en Tampico, Madero y Altamira), y sin prestaciones.

En el caso de las rentas de casas, los costos, según los arrendadores, dependen del lugar donde se ubica la vivienda, el tamaño, el material, incluso si está a bordo de calle o en una privada, situación que a final de cuentas a quien busca la casa no le interesa más que pagar menos.

El caso para la venta de las casas es el mismo, pero lo cierto es que quien desea aprovechar su crédito hipotecario si éste es muy bajo, en la mayoría de los casos, se debe conformar con adquirir una vivienda en Altamira, lugar que muestra un crecimiento habitacional monstruoso en los últimos años.

Basta con darse una vuelta por los grandes fraccionamientos y colonias populares como Arboledas, Pedrera, San Jacinto y demás, donde las constructoras siguen levantando conjuntos habitacionales incluso de cinco pisos, pero con departamentos con el espacio medido para que quepa la lavadora o el refrigerador. Muy pequeños para una familia de cuatro personas.

Muestran diversos colores, se ven nuevos, pero lo cierto es que casi todas esas casas y departamentos se encuentran vacíos, quizá por la distancia o por el precio que no vale el espacio. Los servicios básicos tardan en entrar a estos sectores o en su caso se quedan en meras promesas, como lo ocurrido en fraccionamientos residenciales de ese municipio.

Para comprar una casa espaciosa y modesta en Tampico o Madero, de dos o tres recamaras con cochera, dos pisos con baño y medio, en una colonia no céntrica, digamos casi en los límites de los municipios, alcanzan costos desde 650 mil hasta los 850 mil pesos. Si está en un lugar preferencial puede llegar al millón, millón y medio de pesos.

Los agentes inmobiliarios buscan las facilidades para que los interesados adquieran la vivienda, pero si el crédito más popular como el del Infonavit no alcanza, la opción es juntarlo con uno bancario, pero las mensualidades consumen de plano el sueldo del trabajador, no dejando nada para la despensa de la semana.

Se supone que dependencias como el Infonavit deberían ayudar a cumplir el sueño de todo trabajador “asalariado”, una casa digna y no una cajonera costosa. Igual así se acaba el abandono de viviendas.