Empatía Popular

Consumidores de violencia

Los robos están a la orden del día en Tampico, Madero y Altamira. No importa la hora, el lugar, la víctima, todos somos “clientes” potenciales de los amantes de lo ajeno en estos días.

Que el hecho sea una alerta es innegable, las maneras de operar de los delincuentes están tomando formas difícilmente recordadas en la zona conurbada, donde llegan en taxis, con armas desenfundadas, es mucho el lujo de violencia.

Las redes sociales son el medio donde la ciudadanía logra desahogarse luego de pasar el trago amargo de un asalto o robo de una propiedad. Donde el teclado y una pantalla de computadora o celular convierten el miedo en un reclamo, un clamor de seguridad que por más fuerte que se grite parece que no hace eco donde debería.

Ahí en Facebook se denunció un robo, como muchos más, de una joven que se dirigía a su centro de trabajo en Altamira, esperaba a las 8 de la mañana el transporte en la avenida Monterrey a la altura de Germinal, cuando de repente llegaron unos sujetos en un taxi y así, con navaja en mano, le despojaron de dos celulares que con esfuerzo adquirió.

Lo material siempre va a pasar a segundo término cuando lo que se conserva intacta es la vida misma luego de ser víctima de un ladrón, es lo que describe la gente resignada.

En esta semana el general José Marines Juárez, coordinador de Fuerza Tamaulipas en la zona sur, dijo que en cinco días solo han capturado 8 personas por atracar viviendas pues “le han bajado”, pero afirmó que los delincuentes están llegando a robar en taxis, “que hay varios taxis favoreciendo a la delincuencia y no hay necesidad de más concesiones”.

En los municipios del sur hay más de 8 mil taxis prestando servicio, y según el Sindicato de Trabajadores y Operadores de Máquinas de Combustión Interna (STOMCI), lo ideal es que circulen mil 500 taxistas. Casi como buscar una aguja en el pajar.

El problema viene después cuando la ciudadanía no denuncia a los delincuentes y estos logran salir en libertad, ya que para la ley el robo no es un delito grave.

Los afectados desde siempre han considerado una pérdida de tiempo denunciar un robo, porque la autoridad vuelve más burocrático el trámite para “recuperar” lo hurtado, piden documentos y más documentos que avalen la propiedad. ¿Qué mexicano tiene en su cajón guardado el recibo de compra de una televisión que adquirió hace cinco o más años?

Por donde se vea es muy difícil de resolver, es una cadena, una bola de nieve que sigue rodando y crece cada vez más.

Las autoridades lo saben muy bien, saben que es difícil combatir el delito cuando hay desconfianza, saben de las lagunas en la justicia. ¿Y lo peor está por venir? Nosotros no lo sabemos.