En privado

Importante, solo la muerte de Gabo

Próxima ampliación del infierno, saturado, ya, de tantas buenas intenciones. Florestán

 

A lo largo de los años, el regreso a escribir después de unas vacaciones era muy sencillo: bastaba con decir que abrir el periódico era como leer el del último día de trabajo, es decir, no pasaba gran cosa.

Pero, esta vez, ese recurso fue superado por la realidad, unas vacaciones de Semana Santa en las que no hubo un día de descanso, periodísticamente hablando: temblores, tormentas, acuerdos políticos fallidos, rupturas, posposiciones, decepciones y traiciones que algunos le dan el cariz de victoria.

De todo lo que sucedió en el correr de esos días, lo doloroso fue la muerte de Gabriel García Márquez, lo único en verdad trascendente e insustituible, insuperable, importante.

Lo demás solo fue noticioso y, por tanto periodístico y efímero, superable: la excepcional granizada que dejó atrapadas a miles de personas por horas en la carretera México-Toluca, algo traumático para quienes lo vivieron en medio del frío, la soledad, de la incertidumbre. Pero todos volvieron a sus casas.

El temblor de siete grados que sacudió algunos estados y, marcadamente la Ciudad de México, que provocó el terror, pero que pasado el susto y el miedo, dejó que todos volvieran a su vida normal, sin ninguna víctima, sin ningún daño mayor, sin ninguna afectación.

Luego vendrían los desacuerdos e incumplimientos de los políticos, nada nuevo, en donde se hizo valer el protagonismo, el poder económico, los rencores y obsesiones y su falta de palabra y compromiso, y desde ese escenario, incumplieron sus compromisos de reformas, batearon la agenda nacional, se aferraron a la suya y dejaron en peligro hasta las elecciones federales del año que viene, todo sujetos al juego de poder de dos de los tres partidos que, le iban a decir renuevan, pero no, que cambian de dirigencia para que todo siga igual y con los mismos.

Pero lo verdaderamente grave, importante, trascendente de estos días, fue la muerte de García Márquez. Es lo único insustituible, lo único de lo que nos vamos a acordar siempre: que el Jueves Santo de 2014 murió un hombre extraordinario, que hizo del realismo mágico un realismo universal, un realismo para todos.

De todo lo demás: tormentas, temblores, rupturas e incumplimientos políticos, miserias humanas, nadie lo recordará por intrascendente, por común.

Lo que me queda de esos días es la ausencia física de Gabo, un hombre que hizo de lo extraordinario algo común y de lo generoso un modo de ser.

Queda, por su supuesto, su obra imperecedera, pero a mí me quedan, además, los momentos inolvidables y el dolor de su muerte.

Estas vacaciones se reducen a la muerte de Gabriel García Márquez entre tormentas y temblores.

Fue lo único importante, lo único que no tiene remedio.

Y por eso.

Nos vemos mañana, pero en privado


lopezdoriga@milenio.com