En privado

Iberoamericana: la línea de Maduro

Resultó más vago que un recuerdo. Florestán


En todos los años que llevo cubriendo cumbres sobre todos los temas y por todo el mundo, jamás he visto que se adopte un acuerdo que interese o realmente beneficie a la humanidad, como se plantea siempre.

Los comunicados oficiales de estas reuniones resultan un ejercicio de sintaxis diplomática donde las discusiones más profundas e iracundas son en la línea de la gramática, los he visto pelear por si va una coma o un punto y coma, o si el verbo es apoyar o respaldar, documento que los especialistas de las cancillerías tienen terminado antes de que se inicie el encuentro cumbre.

Como reportero, las conclusiones de las cumbres son cajoneras y bostezantes, llenas de lugares comunes, buenos deseos y frases que buscan no lastimar a nadie, carentes de interés y de atención periodística por la falta permanente y continua de nota.

Como cronista, las iberoamericanas eran ricas solo en los enfrentamientos entre los presidentes, lo que la mayoría de las veces tenía que ver con Cuba y Fidel Castro, y en otros momentos con personajes como el argentino Carlos Saúl Menem, el peruano Alberto Fujimori, los venezolanos Carlos Andrés Pérez y luego, por supuesto, Hugo Chávez; es memorable cuando el rey Juan Carlos, en Santiago de Chile, en noviembre de 2007, harto de escuchar los ataques de Chávez al ex presidente español José María Aznar lo interrumpió, alterado, gritándole: ¡Por qué no te callas!

Para entonces el coronel venezolano ya había integrado con el financiamiento petrolero la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, formada destacadamente por Cuba, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, y teniendo a Siria y a Irán como observadores.

A la cumbre de Veracruz no asistió Nicolás Maduro y, por tanto, tampoco los presidentes de Nicaragua, Cuba y Bolivia; sí vino Rafael Correa de Ecuador, que se cocina aparte en todos los sentidos.

Debo decir que con esas ausencias, la cumbre transcurrió sin un solo sobresalto discursivo, pero la crónica periodística perdió luces sin esos protagonismos, aunque ya sabemos lo que eso importa a los presidentes y menos, aún, a los anfitriones.

Retales

1. Febrero. Pues será en el próximo periodo ordinario, que inicia el uno de febrero, cuando se vean las reformas del decálogo Peña Nieto. Las dictaminarán durante el receso,

2. Puestos. Pues no, por ahora, y hasta donde tengo información, el presidente Peña Nieto no hará cambios en su gabinete y menos en su primer equipo. Ya el año que viene será otra cosa; y

3. Corte. El 2 de enero en sesión solemne y abierta, se hará la elección del nuevo presidente de la Corte, que necesita seis de los 10 votos actuales. Siendo seis los candidatos, tras la primera ronda quedarán los dos más altos y de éstos se votará hasta que uno de los dos reúna los seis.

Nos vemos el martes, pero en privado

 

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