Contraquerencia

Crudeza inoportuna

La crueldad del destino nunca ha sido más evidente que lo ocurrido con Juan Luis Silis. Hace un año, la plaza Vicente Segura de Pachuca lo puso en el escaparate y su carrera comenzó a tomar altura. Un coche incluído al triunfador de esa tarde fue un panorama esperanzador para este modesto torero. El domingo pasado, la misma plaza le cobró una carísima factura con una cornada brutal en la cara.

Juan Luis se encuentra en coma inducido, en espera de que pasen las horas que sentencia que se ha aferrado a la vida y en espera de los diagnósticos detallados que den por menores de todas las lesiones. Por fortuna se ha descartado ya la pérdida del ojo izquierdo, así como daños al cerebro. Lo que tiene como confirmado son múltiples fracturas maxilofaciales, y se presumen diversos daños en conexiones nerviosas.

La atención oportuna y los avances en la medicina son las mayores esperanzas para un torero capitalino que se ha abierto camino a sangre y lágrimas. Silis no tiene apoderados de renombre, tampoco ha sido egresado de las contemporáneas escuelas taurinas. Se hizo torero de mano de las enseñanzas de Mariano Ramos, su mentor ya fallecido y quien le transmitió los secretos de la técnica y los puntos finos de andar entre los toros bravos. El destino le quitó a su maestro y también lo tiene un trance que amenaza su calidad de vida y su carrera como matador.

Las cornadas en el rostro tienen un largo historial en el toreo. Entre las más recordadas están la de Manuel Granero en Madrid el 7 de mayo de 1922, cuando un toro de Veragua le dio una cornada penetrante de cerebro. El español Pepe Luis Vázquez sufrió una cornada grave en la cara. Lucio Landín perdió un ojo en Sevilla en 1983. En México tal vez la más famosa ha sido la sufrida por Antonio Velázquez por el toro Escultor de Zacatepec en el toreo de Cuatro Caminos el 9 de marzo de 1958. El pitón entró por la papada, destrozó la lengua el paladar y fracturó la base del cráneo.

En tiempos más recientes han cobrado gran difusión mediáticas las cornadas de Francisco Cardeño, a quien una cornada a porta gayola le desprendió la mitad de la cara en Sevilla en 1997. Julio Aparicio sufrió en 2010 en Madrid una cornada que entró por el cuello y le salió por la boca. Y la más conocida, la de Juan José Padilla en Zaragoza y que guarda varias similitudes con la herida de Silis. Hay que estar loco para ser torero.