Desde la Raíz

Los prejuicios de la apariencia

Son las 8 de la mañana a las afueras de la escuela general número 7 “Francisco Medina Cedillo en Tampico”; una mujer, madre de familia llega apurada a sus puertas, la acompaña su menor hijo del primer año; viste una licra negra, una blusa descolorida y excesivamente holgada. A penas ha tenido tiempo de salir. Se aprecia su condición humilde.

Desconoce que a partir de ese día, un aviso a la entrada de la institución le advierte sobre la importancia de la estética, de la buena presentación en vestimenta y que de contar con un buen corte de pelo, si pretende  acceder al interior de la escuela.  

En los medios se lee: “Escuela prohíbe visitas con escotes, shorts o piercings” Esa cabeza salta a mi vista de inmediato, es de la edición de éste martes 10 de diciembre y la información viene en la página 9 de nuestra edición MILENIO Tamaulipas. La da Pablo Argüello Castillo.

Señala que el mensaje va dirigido a los padres y los visitantes: “Este instituto escolar prohíbe la entrada a personas con las siguientes características: con piercing, hombres con aretes y cortes de pelo inapropiados”. Añade: “ropa inadecuada como minifalda, leggins, licras, pantalones muy ajustados, blusas de tiro, escotes pronunciados, franelas sin mangas, jeans con roturas, shorts, etcétera” Pienso, ¿hemos regresado al Medievo?

Por un momento me he quedado absorto pensado a lo que se ha llegado, por el ¿miedo? Las medidas discriminatorias y la injerencia más allá de lo que le ocuparía a los docentes; instruir arbitrariamente “cómo debe vestir el padre o tutor, cómo usar el corte de pelo y hasta la inclusión de la estética, para poder llevar o recoger a sus hijos a la hora de entrada o salida del plantel. O simplemente para entrar y hablar con un profesor que nos diga cómo anda en los estudios nuestros hijos. ¿A caso los  centros de estudio han pasado a convertirse en recintos de culto religioso?

Quizá se puede entender que la Oficina Regional de Educación en Tampico, pida a los padres vestir “con buena presentación”, pero no parece que esta regla, intente de esa forma influir en nuestro entorno. Sobre todo de esa manera en estos momento de crisis.

Sería bueno recoger la máxima de Ortega y Gasset, quien define: “Yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo”, para terminar con los prejuicios de la apariencia. Porque no creo que sea por ahí donde tengan que fiscalizar los profesores.