Desde la Raíz

El portal que se abre y el umbral que se cierra

Ha dicho Jorgito a su padre este 2 de noviembre: ¿En verdad llegará mi abuelo esta noche, papá? Panteones municipales de Tampico y Madero recibieron al visitante; la voz de la alcaldesa en Tampico en medio de micrófonos, invitó a través de los medios a pasar a saludar a nuestros difuntos: Hay que temerle solo a los vivos y no a los muertos, señaló entre bromas.

Jorgito de ocho años sabe poco de la ofrenda, del escandaloso olor de la flor de cempasúchil que invade el ambiente junto con el olor a copal, y mucho menos a su corta edad, sabe de las tradiciones prehispánicas para honrar a nuestros muertos; más su mirada, no se despega de aquel colorido altar recién montado. Mira fijamente el rostro adusto o sonriente de los cuadros de gente ya ida.

¡Quiero vestirme de zombi o vampiro papá! Le dice. Y el padre, contesta: No hijo, no son nuestras tradiciones. El niño insiste y le reclama: ¡Quiere dulces, papá quiero dulces…! El padre contesta, mañana te compraré una caja. El niño no queda satisfecho, pero escondido tras el padre, guarda silencio.

La ciudad en los últimos ocho años -quizá un poco más de tiempo-, ha podido acrecentar en su haber estos días de guardar. Hay decenas de altares, hoy visibles en pleno quiosco de la Plaza de Armas, escuelas, negocios y hasta restaurantes. Algo se ha avanzado, se escuchado decir. 

Por primera vez parece respecto a años pasados, la tradición de Día de muertos, se asienta bien en tierra Huasteca, como es el sur de Tamaulipas, y los temores de la influencia de halloween, sino han desaparecido, si han disminuido, al menos en apariencia.

A kilómetros de las ciudades, existe una expresión muy viva; sus poblaciones se preparan mucho antes haciendo ofrendas, ahí hay algo de lo que nunca se ha carecido y en lo que rebasan a otros puntos urbanizados: la creencia.

El altar es el germen, es el portal que se abre en espera de los difuntos; esta es una fiesta de la espera, es el convide no solo para el altar, es la música para recibir a los angelitos, para atender a los parientes. Es una verdadera celebración convivir con los muertos.

Jorgito le vuelve a preguntar a su padre: ¿Papá es verdad que vendrá mi abuelo? Ante la mirada de hastío del padre, que le responde. No sé niño, no sé. En medio del umbral que se cierra.