La llevada

Dada la desastrosa ruina de las Chivas y las Márgaras, más estrepitosa y escandalosa la de los rojiblancos, los infortunados tapatíos no tienen mucho que festejar. Las generaciones jóvenes sólo de oídas conocen los memorables festejos de que hablan los abuelos. Sólo queda como fiesta de Guadalajara la centenaria “Llevada” de la Virgen de Zapopan .

La imagen de la Virgen había hecho visitas, desde su santuario en Zapopan, a Guadalajara, en diversos años del siglo XVII, pero fue a partir de 1735, cuando se oficializó su visita anual a la Perla Tapatía, azotada por tempestades e inundaciones, aunque mucho menores a las que han padecido nuestras comunidades pobres con los embates de Manuel e Ingrid.

A mediados del siglo XVIII, comenzaron a acuñarse en Guadalajara los términos “la llegada” de la imagen a la ciudad, “los cambios” de un templo a otro y, en especial “la llevada”. Desde entonces, se estableció que la imagen llegaba en la tarde del 12 de junio al templo de Santa Teresa para que el 13 la recibieran en catedral. Llevaban a la imagen a su basílica el 5 de Octubre, sin que haya constancia del año en que se fijó esa fecha. En 1821, “los cambios” de un templo a otro se interrumpieron el 15 de septiembre en que las tropas insurgentes de la Nueva Galicia la nombran “Generala”, y se le ciñe a la imagen una pequeña espada correspondiente al título. Para esa fecha la imagen peregrina ya ostentaba el reboso y el sombrerito que le habían puesto las monjas de Santa Teresa. En 1823, al constituirse el Estado Libre y Soberano de Xalisco, se le nombra patrona Universal del Estado.

La historia del culto a la imagen se complica durante los años de la Guerra de Reforma. En 1858, Guadalajara estaba ocupada por el ejército liberal y no sería sino hasta el 26 de junio cuando ocurrió “la llegada”. En 1859, la imagen llegó el 13 de junio, pero las visitas a los templos se interrumpieron el 26 de septiembre al llegar las tropas de González Ortega. En 1860, en el apogeo liberal, la imagen tuvo que ocultarse para evitar que el fanático liberal Refugio González, que ya había decapitado varias imágenes marianas en el templo de El Carmen, hiciera lo mismo con la imagen peregrina, porque el general Refugio había jurado encontrar la imagen para luego “formarle cuadro y fusilarla”. En 1874, para evitar conflictos con los gobiernos liberales, se cambiaron las fechas de la llegada y la llevada. La imagen llegaba a la ciudad en forma inesperada para evitar manifestaciones prohibidas por el gobierno. Se cambiaba de un templo a otro en horas no anunciadas; aunque frecuentemente no faltaba quien se diera cuenta y lanzara un cohete que alertaba al barrio que velozmente se movilizaba para adornar calles y repicar las campanas. Era obvio que aunque el obispo hacía todo lo posible por ocultar la imagen, el pueblo católico protestaba y no dejaba de venerar a “la Generala”. En 1888, con Porfirio Díaz, la llevada se hizo de nuevo con solemnidad, tratando en lo posible que no se violaran las leyes de Reforma; pero el obispo Pedro Loza, al año siguiente, prohibió toda solemnidad en la llevada. En 1902, ya no se pudo evitar la popularidad de la fiesta con que la imagen regresaba a la basílica. Durante los años más álgidos de la persecución religiosa, 1926 a 1929, la imagen permaneció oculta. En 1930, las cosas comenzaron a “normalizarse” con el valiente apoyo del arzobispo Francisco Orozco y Jiménez, que, según me dijo Margarito Ramírez, “era un obispo muy macho”. En 1934 hubo un atentado contra la imagen al llegar al templo de El Pilar, muy querido para mí, porque ahí se casaron mis papás, el 26 de junio de 1926, vísperas del cierre de los templos.

Con la llegada de Ávila Camacho, 1940, la legislación anticlerical vigente comenzó a disimularse, sobre todo con la actitud de su esposa, Doña Soledad Orozco, natural de Zapopan y devota de la Virgen. Años después el gobierno del Estado, en forma discreta y muy inteligente, facilitó “la llevada” con la construcción de la Avenida Ávila Camacho que comunicaba directamente la catedral con la basílica, porque antes la imagen recorría la Avenida Américas y su prolongación.