Muy felices añoranzas

Hace tres semanas tuve la invaluable experiencia de estar con mis alumnos de secundaria de hace cincuenta años en Chihuahua: me invitaron para que conociera a sus esposas y a sus hijos: a mis nietos. Pocas experiencias humanas se pueden comparar con la inmensa, muy inmensa alegría de ver a mis chamacos de secundaria convertidos en empresarios, en médicos, en ingenieros exitosos y en esposos y papás: ¡qué felicidad!

Hace dos semanas tuve una de las experiencias más inolvidables de estos  últimos años: con motivo del 52 aniversario de la fundación de la Preparatoria número Dos de la Universidad de Guadalajara me invitaron a una sesión solemne con maestros y alumnos para que les expresara mis recuerdos de mis 21 años de maestro en esa escuela: 1974 a 1995. La verdad me ganó la emoción. Añoranzas, alegrías, recuerdos felices. La primer anécdota que recordé fue la del presidente de la FEG de la Prepa, en 1975, en el apogeo fegista de empistolados y vándalos, cuando el politiquillo me encaró para decirme que el presidente de la FEG Raúl Padilla me pedía que pasara con 100 a un fegista. El tono de la “petición” era violento y amenazante. Yo en ese momento no conocía a Raúl Padilla, estudiante aún, pero por medio del Padre Ignacio Gómez Robledo lo enteré de lo que me pasaba. Obviamente Raúl no hacía tal petición, como pretendía el estudiantillo, y me dio Raúl el número telefónico de su guardaespaldas, Chavarría, si mal no recuerdo. Al día siguiente encaré al politiquillo: “no es cierto que el presidente de la FEG me pide lo que Usted me dice, y fíjese muy bien lo que le digo: yo lo  amenazo a Usted  con que, si me sigue dando guerra, el señor Chavarría lo va a poner en paz”. Obviamente el politiquillo se apaciguó. Dos años después lo mataron. Se apellidaba Urbina.  A los dos años el presidente en turno de la FEG de la prepa, el último día de clases se presentó para que le entregara su calificación  y ante mi negativa me dijo el empistolado politiquillo: “o me pone mi 100 o hablaremos a plomazos”. Con mi indignación y miedo, traté de aparentar serenidad y me acordé del expresidente asesinado y le dije al muchacho, de apellido Villa: “¿se acuerda Usted de Urbina?”. – “Claro, me dijo, ¡cómo murió el pobre!”. – “Pues, fíjese bien –le dije- fíjese bien: Urbina, igual que Usted, me amenazó y ya vio lo que le pasó…” Nunca he vuelto a ver a ese tal Villa.

Pero mis recuerdos de la Prepa Dos son fundamentalmente muy felices: muchachos y muchachas maravillosos, a algunos de ellos los vi hoy convertidos en maestros y muy amables y agradecidos conmigo. Recordamos muy felices anécdotas como los exámenes en los que les ponía orejas de burro, rositas a las muchachas y azules  a los hombres; luego les tomaba una foto que después se exhibía.

Los viajes “históricos” al Valle de México, los bailes con disfraces de la Revolución, las posadas. Capítulo aparte son los recuerdos de muy felices convivencias con los colegas maestros; con no pocos de ellos sigo teniendo estrecha relación. Mis años de la Prepa Dos, como los de mis tiempos en Chihuahua y en el ITESO, junto con mis más de quince en el CUCSH me han hecho vivir una vida plena y feliz

La investigación, la escritura de la Historia, las relaciones académicas son valiosos y deseables; pero el gusto de estar frente a un grupo en el salón  de clases es de lo más maravilloso que le puede ocurrir a un ser humano: dar algo de uno a grupos de jóvenes que darán vida a este país. Entre las maravillas de la modernidad están los cursos en línea, las carreras con métodos virtuales, las maestrías semi escolarizadas y veinte mil novedades que desconozco; pero no me imagino a Sócrates impartiendo cursos por Email y recibiendo tareas en su tablet. Jesús en Galilea y Judea nunca pensó en las maravillas modernas y nada puede suplir el impacto vital de quien decía: “vean, vean los lirios del campo, vean y oigan los pájaros a los que el Padre Celestial alimenta”. La presencia personal es insustituible.

Son miles los alumnos a los que he dado clases por más de cincuenta años de mi vida  feliz