La construcción de la "Prepa" Uno

En un diario local , en  la página 1 de la sección Comunidad , en el recuadro “Preparan festejo de Prepa 1” se dice que “se inician los festejos por el centenario de su construcción . El dato es inexacto: el edificio se construyó   en 1905 y la  inauguración  de la Prepa en Septiembre de 1914, después de que la revolución carrancista de Obregón y Diéguez se carranceó el edificio del Instituto de San José, actual Instituto de Ciencias, fundado el 15 de enero de  1906. El edificio original fue construido a fines  del siglo XVIII y, después de una  historia azarosa,  en 1904 varias familias tapatías lo compraron, casi en ruinas, al gobierno de Porfirio Díaz para fundar un colegio jesuita.

Los jesuitas, en 1576, habían construido un colegio, donde está ahora  la Biblioteca Iberoamericana, pero el 25 de junio de 1767 fueron desterrados  por el rey Carlos III de España por el crimen de “opinar”, según terminaba el decreto de destierro: “sepan desde hoy y para lo venidero todos los súbditos de el Reyno de España que nacieron para callar y obedecer y no para opinar en asuntos de gobierno”. Los jesuitas fueron expulsados de su colegio y desterrados de los dominios de España. El desterrado de Guadalajara más famoso fue el padre Francisco Xavier Clavigero, al que el gobierno de la República, el 5 de agosto de 1970 declaró “constructor eminente de nuestra nacionalidad”. Los jesuitas regresaron a Guadalajara en 1903 y varias familias tapatías les insistieron en que fundaran un colegio. Un comité de señoras determinaron comprar lo que quedaba del convento de los padres filipenses, de San Felipe Neri, que en tiempos de la Reforma requisó, o expropió, o despojó o enajenó o se adjudicó Benito Juárez,  en la antevíspera de morir, el 16 de julio de 1872. En noviembre de 1903, Justo Fernández del Valle dirigió una carta al Secretario (federal) de Hacienda y Crédito Público, junto con la Sra. Margarita Pérez Verdía: “Que la junta de Caridad… tiene a su cargo un establecimiento para la educación de las niñas en el exconvento de San Felipe, cuyo edificio lo cedió a la junta el Sr. Presidente D. Benito Juárez. … El referido exconvento, además de hallarse situado en un barrio lejano del centro de población y por donde no se nota ningún progreso ni adelanto, ni hay esperanzas de que progrese, se encuentra en estado deplorable casi de ruina…Ahora pretendo que se establezca en el mencionado edificio un Instituto Científico para varones, en el que se enseñen todas las asignaturas oficiales…” En la carta se establece que el colegio  o asilo de niñas se trasladará a un edificio apropiado, en cuyo acondicionamiento contribuyeron las mismas señoras que favorecían la compra del edificio.  Prosiguieron las negociaciones en las que intervinieron favorablemente Yves Limantour y, sobre todo, con mucho entusiasmo y determinación,  la Sra. Carmelita Romero Rubio, esposa de Porfirio Díaz. Ella fue prácticamente una especie de “ministra de cultos”, sin nombramiento oficial.  El avalúo ordenado por el gobierno estableció que el ruinoso edificio tenía un valor de sesenta mil pesos. Se establece, en el avalúo, que “habrá que hacer un gasto de mucha consideración, casi una completa reedificación”. Las señoras fueron pagando al gobierno lo requerido y el 12 de noviembre de 1904 se liquidó la deuda y se comenzó la construcción que se llevó a cabo en 1905, de suerte que el 16 de enero de 1906 se iniciaron las clases.

Según decires de jesuitas de aquellos años, el superior provincial destinó al colegio a un muy  distinguido grupo de profesores entre los que descollaría el P. Benardo Bergoend, formador de dirigentes del incipiente sindicalismo católico en Guadalajara. Fue fundamental en la fundación del Partido  Católico Nacional que en tiempos de Madero ganó en Jalisco la gubernatura, la presidencia municipal de Guadalajara y la legislatura. Bergoend fundaría después  la ACJM y, en tiempos de la persecución callista,  la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, fundamental en la Guerra Cristera.

El colegio se distinguió por su alto nivel académico y por ser gran promotor de deportes nuevos como el tenis, el beisbol y, sobre todo, el futbol con su equipo Excelsior. Todo terminó cuando, el 8 de julio de 1914, llegaron los vándalos de Obregón y Diéguez.