¿En qué años vivió Cristo?

Resulta paradójico que del personaje que divide la historia del mundo occidental en “antes” y “después”, Cristo, no existan documentos para precisar las fechas de su nacimiento y de su muerte. Solo tenemos fechas aproximadas. Sin embargo para cualquier interesado en el mundo grecorromano no es sorpresa, y mucho más para el iniciado en la historiografía del mundo clásico, porque sucede lo mismo con Cristo con los personajes del mundo clásico. Ni siquiera las fechas de nacimiento y muerte de algunos emperadores romanos son seguras, lo mismo por lo que se refiere a Herodes Antipas y Poncio Pilato. En el mundo antiguo no había preocupación por las fechas, y Jesús en su tiempo en el mundo romano fue simplemente un hombre medio loco, medio bohemio, idealista que vivió en Judea, una provincia obscura del gran Imperio Romano. La historiografía clásica es sumamente escueta sobre Jesús. El historiador judío Flavio Josefo trae dos o tres textos alusivos a Jesús, que la crítica moderna rechaza por considerarlos interpolaciones medievales de copistas cristianos. Prácticamente el único texto aceptado es de Tácito y cuyo tono claramente anticristiano le da garantías de autenticidad (**Libro de los Anales, 15, N. 44.) Nerón, dice Tácito, achacó el incendio de Roma a los cristianos porque la opinión popular sospechaba que eran los responsables: “por tanto, para acallar el rumor, Nerón creó chivos expiatorios y sometió a las torturas más refinadas a aquellos que el vulgo llamaba “cristianos”, un grupo odiado por sus abominables crímenes. Su nombre proviene de Cristo, quien bajo el reinado de Tiberio fue ejecutado por el procurador Poncio Pilato. Sofocada momentáneamente, la nociva superstición se extendió de nuevo no solo en Judea, la tierra que originó este mal, sino también en la ciudad de Roma, donde convergen y se cultivan fervientemente prácticas horrendas y vergonzosas de todas clases y de todas partes del mundo.” Sin detenernos en un análisis mayor del texto, baste decir que presenta datos esenciales sobre Jesús: sitúa su muerte durante el reinado de Tiberio (14-37 d. C) y el gobierno de Poncio Pilato, (26-36 d. C). Por lo que se refiere a la fecha del nacimiento de Jesús, no tenemos ningún dato en la historia romana; aunque San Lucas, al comenzar el capítulo II de su Evangelio nos precisa cuándo fue José a Belén a empadronarse: “este censo tuvo lugar siendo gobernador de Siria Quirino”. Hoy día está probado que Quirino desempeñaba un cargo público de importancia entre los años 11 y 4 antes de Cristo, es decir, entre el 740 y 750 de la fundación de Roma. En este decenio hay que colocar la fecha de nacimiento de Cristo. Pero no se puede precisar más. Si por el censo no podemos determinar el año de nacimiento, podemos orientarnos sobre el mes. Dados los desplazamientos que exigía, es razonable pensar que se ejecutara el censo en épocas aptas para el campo, y diciembre pudo ser el mes apropiado. Sin embargo hay acuerdo en que la fecha del 25 de diciembre es totalmente convencional: en la Roma Imperial era la fecha del nacimiento del Sol y muy probablemente en el siglo IV de nuestra era se tomó para señalar ese día como el nacimiento de Jesús. En Roma festejaban el 6 de enero como la fecha del nacimiento, pero a partir del año 336 se comenzó a celebrar el 25 de diciembre.

Sabemos que en el siglo IV después de Cristo, al monje Simón el Exiguo se le ocurrió fijar el año del nacimiento de Jesús como número 1 del calendario, pero su devoción era mucho mayor que su saber matemático y se equivocó por varios años: Jesús no nació el 754 después de la fundación de Roma, como afirmó  Simón,  sino el 748. Por lo tanto estamos en el año 2017 ó 2018 del nacimiento de Cristo , que nació “cinco años antes de Cristo” , o de nuestra era.

NOTA: A la lista de mis amables correctores encabezada por Don Carlos Petersen, hay que añadir a Don Pedro Franco, a quien tuve el gusto de encontrar en la FIL, y que me hizo notar que el presidente Justo Corro no nació en Jalisco, como afirmé yo, sino en Aguascalientes. Gracias por sus correcciones y por la paciencia en leer esta columna.