Villa en Torreón

Hace exactamente un siglo, el 4 de octubre, Pancho Villa paladeaba las mieles de la victoria en Torreón, y ese mismo día, fiesta del Señor San Francisco, una orquesta, frente al hotel Salvador entonaba las mañanitas para despertar al Centauro del Norte. Después de la orquesta, llegó una banda de trompetas y comenzó el festejo a Don Pancho. Por la noche se organizó en su honor un baile en el Casino de la Laguna y un grupo de señoritas le ofreció ramilletes de flores. El Centauro se fijó especialmente en una de las jóvenes, Juana Torres, empleada de un establecimiento de sastrería y artículos para caballeros. No tengo referencias de cuando contrajeron matrimonio; pero Juana Torres es una de las mujeres con las que contrajo matrimonio civil. No conozco ningún estudio que pormenorice las relaciones conyugales de Pancho, y aun Friedrich Katz, quien trata el asunto con cierta profundidad, no nos entrega un resumen completo sobre el tema de las esposas y amantes del guerrillero. Además de Doña Luz y Juana Torres, hay frecuentes alusiones a Concepción Seáñez y Austreberta Rentería; pero Katz y otros biógrafos dan a entender que tuvo otras esposas, sin contar por supuesto con aventuras diversas. Yo conocí a Doña Luz Corral en Chihuahua a principios de los años sesenta, y después de enseñarme la casa con todos los recuerdos de su difunto marido, me mostró un gran salón dedicado a hijos de Pancho Villa que ella atendió por años; pero ella no le dio hijos. Me sorprendió la naturalidad con que Doña Luz hablaba de hijos de Villa. Ella presumía de haber sido la primera esposa y de que con él se casó por la Iglesia. Katz ofrece más detalles sobre esta boda y nos cuenta que “hubo un pequeño tropiezo la víspera de la boda, cuando el cura que debía oficiar al día siguiente le preguntó al novio si se confesaría antes de la ceremonia. “Mire”, le dijo Villa, “para confesarme, necesita usted no menos de ocho días y, como usted ve, está todo arreglado para que la boda sea mañana. Convenció al cura de que pasar ocho días o incluso ocho minutos con él no sería la perspectiva más agradable. Al día siguiente, casó a la pareja en una gran ceremonia a la que asistieron los jefes militares villistas y un representante del gobernador.” (Pancho Villa, T.I, pp. 178-179). Sin duda que Doña Luz se equivocaba al decir que ella había sido la primera, ya que según Katz “hay indicios de que pocos años antes, en Parral, Villa había raptado a otra mujer, Petra Espinoza y, se había casado con ella. Sin embargo, Luz Corral fue tal vez la única, de las muchas mujeres que hubo en su vida, que tuvo algún papel en su carrera política.

Volviendo a la fecha del 4 de octubre, habrá que decir que la más famosa fotografía del Centauro se tomó en una de las tomas de Torreón: aparece Villa jalando las riendas del 7 leguas y en el fondo los cañones y la caballería villista. Sabemos por varias fuentes que la fotografía la tomaron los empleados de Hollywood con quien Villa había filmado contrato. Es una foto ciertamente de “pose” porque hicieron que el jinete pasara varias veces para fotografiarlo y escoger la mejor toma. Contra el mito mexicano de Pancho Villa antigringo está la historia que nos habla de sus relaciones con Hollywood para combatir de día y poder filmarlo. Más aún, existe la odiosa versión de que, también para ser filmado, Villa se comprometió a fusilar de día, circunstancia que me habla muy negativamente de la calidad humana del Centauro. Como sea, es indiscutible que Villa es uno de los más, si no que el más conocido mexicano de la historia de México. Recuerdo que en Praga, en 1969, en un restaurante nos oyeron hablar español y supieron que éramos de México, y un comensal en una servilleta de papel nos dibujó una locomotora y el nombre de Pancho Villa: era lo que el checo sabía de México.

La primera toma de Torreón la hizo Villa cuando Felipe Ángeles no andaba aún con él, y el guerrillero fue todo un estratega para vencer a los federales: fue la graduación del “pasante” guerrillero al “licenciado” en estrategia militar.