Los Reyes Magos

Los “santos reyes” gaspar, melchor y baltazar son una creación medieval de la tradición católica y no es fácil determinar su historicidad.

Estamos en vísperas de la noche del 5 de enero, que en mi lejana infancia resultaba muy importante para los niños: esperábamos con ansia el día de “los Santos Reyes”, porque si bien en Navidad el Niño Dios nos traía regalos, los juguetes los traían los Magos. Debo decir que mis padres  no eran obedientes a las consignas oficiales del PNR, abuelo del PRI, porque según el Calendario Nacionalista de los gobiernos del Maximato, rabiosamente anticatólico, la noche del 24 de diciembre se recordaba el nacimiento de Quetzalcóatl  y el 6 de enero se conmemoraba a los reyes mexicanos, según consta en el Calendario Nacionalista de 1934, que tengo a la vista: “durante la noche de este día Zamna, Tenoch, Láutaro y Dzanhuindanda recorren todos los ámbitos de la República llevando juguetes de Olinalá y grandes cantidades de dulces para repartirlos a los niños que en esta noche dejan sus zapatitos junto a la ventana entreabierta” (página 22). Quien ideó esa ideota fue “el Nopalito” Pascual Ortiz Rubio, de modo que en lugar de preguntar ¿qué te trajo el Niño Dios? , los niños deberíamos decir “¿qué te trajo Quetzalcóatl?”, y, el día 6 de enero, “¿qué te trajo Dzanhuindanda?.

Los “Santos Reyes” Gaspar, Melchor y Baltazar son una creación medieval de la tradición católica y no es fácil  determinar su historicidad. Los magos, según Herodoto (libro I cap. 101), eran uno de los pueblos medos, que en la escuela confundíamos con los persas: las guerras “médicas”. El Evangelio de Lucas dice simplemente que, “por aquellos días llegaron unos magos de Oriente…”, sin especificar número ni nombres y sin afirmar que fueran reyes. La liturgia católica recuerda a los magos en la fiesta de la Epifanía, pocos días después de la Natividad, pero no pocos estudios sugieren que el encuentro de los magos de Oriente con el niño Jesús haya ocurrido cuando tendría uno o dos meses de nacido, y no hay certeza de cuántos eran y mucho menos de sus nombres y de sus países de origen. Los nombres de Melchor, Gaspar y Baltazar aparecen hacia el siglo VII y no mucho después el monje inglés San Beda el Venerable describe así a los magos: “Melchor era anciano, de barba luenga y poblada; Gaspar joven, lampiño y rubio y Baltazar negro y de espesa barba. Sin embargo esa descripción no corresponde a las representaciones anteriores de escultura, numismática y pintura de los primeros siglos cristianos, en las que representan a los magos como de una misma raza y los nombres son distintos en diversas lenguas. La tradición medieval dice que los magos se hicieron cristianos y fueron mártires; otras versiones los hace obispos de diversas iglesias orientales.

Antiguas tradiciones afirman que en tiempos de Constantino el Grande  los restos de “los tres reyes magos” fueron trasladados de Palestina a Constantinopla, y de ahí a Milán hasta que el emperador Federico Barbarroja los regaló en 1164 al obispo de Colonia, quien les edificó un templo sencillo que luego se convertiría en la maravillosa catedral, portentoso prototipo del gótico ojival y donde luego se coronaría al emperador del Sacro Imperio Romano-germánico. A la fecha, los peregrinos visitan en la catedral de Colonia  la tumba de los magos que “veneraron en Belén a Jesús recién nacido”. Un ejemplo más de las devociones populares creadas por la imaginación colectiva. Como sea, los niños mexicanos de antes esperábamos ansiosamente la noche del 5 de enero de cada año en espera de que los Reyes Magos, en su camino a Belén, trajeran juguetes a los niños de todo el mundo que se hubieran portado bien durante el año anterior.

Ignoro  el origen de la rosca de reyes, probablemente la rosca sea símbolo de la corona real, y el muñequito que se esconde sin duda representa a Jesús niño al que María y José tuvieron que ocultar para protegerlo de la ira furibunda  de Herodes. El toque mexicano establece que quien encuentra al “niño” tiene que ofrecer a sus amigos los mexicanísimos tamales con atole el 2 de febrero, fiesta de la Candelaria. Todo esto con perdón del Calendario Nacionalista del Nopalito Ortiz Rubio y los otros presidentes peleles de Plutarco Elías Calles que querían que, en lugar de los Santos Reyes, recordáramos a Dzanhuindanda y sus compinches.