Peña Nieto en su segundo año

No se acostumbra que los políticos presenten exámenes semestrales o anuales, de suerte que Peña Nieto, al terminar su primer año se presente a un examen o evaluación. Comparando su discurso de toma de posesión, plagado de promesas y esperanzas, con lo que realizó, quedaría muy claro que del dicho al hecho hay mucho trecho. Yo fui uno de los ingenuos que, a pesar de mis ochenta años, recibí a Peña Nieto con cierto optimismo que, ya a los seis meses, se había ido esfumando paulatinamente. Con aquello de que “el PRI sí sabe gobernar”, la maquinaria oficial comenzó a maquillar y magnificar todo lo que el gobierno entrante iba intentando y el mismo presidente se la fue creyendo y la reforma educativa  y la de telecomunicaciones parecían dar la razón al optimismo inicial que había planteado en la toma de posesión. Pero a mediados del primer año en el gobierno, la “cruda realidad” fue cada día poniendo más en duda los éxitos de la vuelta del PRI al poder. El 2013 fue haciendo ver que los años dorados del presidencialismo (léase Ruiz Cortines y López Mateos) estaban ya muy distantes. Una de las diferencias del apogeo presidencialista con este año es que la sociedad actual es mucho más crítica y exigente. Recuerdo muy bien que cuando Ruiz Cortines regresó de haber inaugurado la presa Falcón junto con Eisenhower (si mal no recuerdo), el PRI del D.F. organizó una recepción multitudinaria para declararlo héroe nacional. Volviendo al primer año de Peña Nieto, todos vimos cómo la economía comenzó a empeorar: aumento de la pobreza y el empleo informal creció en forma galopante de acuerdo al desempleo sobre todo en la obra pública cada vez más abandonada. Las “ejecuciones” diarias de los años de Calderón no sólo no disminuyeron sino que aumentaron. La inseguridad ha alcanzado cifras escalofriantes y en regiones como Ciudad Juárez y Michoacán parecería que estamos en la Colombia de Pablo Escobar. El bandolerismo endémico de siglo XIX se queda muy corto ante las amenazas de diversos grupos armados de nuestros días. Las bandas de narcotraficantes  convertidos en secuestradores y extorsionadores han llegado a terribles excesos  nunca antes vistos, y este tema de la inseguridad es tal vez el más escandaloso y el que supuestamente se iba a combatir como algo prioritario. Y, aunque no ha habido devaluación, como no las hubo ni con Fox ni con Calderón, la desaceleración económica ha sido evidente y la nueva política de control por parte de la Secretaría de Hacienda ha resultado un freno para la vapuleada economía.

 “El PRI sí sabe gobernar” tiene un alcance diferente ahora que en el apogeo del presidencialismo porque el México de estos años es muy diferente del de antes: mucho más informado, más escolarizado e infinitamente más crítico que antes. La figura intocable y excelsa del presidente hace poco más de medio siglo se ha ido deteriorando en forma alarmante desde Díaz Ordaz y ni para qué hablar del sindicalismo y centrales obreras al servicio del gobierno. No existe ya la más que todopoderosa CTM de Fidel Velázquez. Si bien es cierto que desde el pacto de la Revolución con la Casa del Obrero Mundial de enero de 1914 (¿o 15?) y de la creación de la CTM para apoyar al gobierno cardenista, los obreros eran una masa sometida absolutamente a los intereses del gobierno, el sindicalismo actual es años luz diferente al del apogeo priista. Los tiempos paradisíacos de la CNOP, de la CNC, de la CTM y de la CROM son simples temas de estudio histórico. El mejor ejemplo es la CNTE convertida en temibles hordas de vándalos incontrolables e incontrolados que exitosamente campean en Oaxaca y en plena Ciudad de México, y es uno de los grandes desafíos que tendrá Peña Nieto en su segundo año. Los formadores de las nuevas generaciones, los “maestros”, con aberrantes ideas sobre la democracia, carentes de valores, con desprecio a la sociedad y a la legalidad son una muy fuerte oposición a todo intento de querer gobernar en paz. Muchos añoran aquellas draconianas expresiones de “mátalos en caliente” o, la más despiadada aún de “fusílalos y después viriguas”.

No cabe duda que Peña Nieto afrontará una situación inédita y tremendamente desafiante para cualquiera que tenga que manejar el poder.