Peña Nieto: un año

Dudo que Peña Nieto venga este año a la FIL, pero tal  vez envíe a alguno de sus ayudantes, quien, si consulta más de un libro de historia podrá felicitar a su jefe porque está en vísperas de celebrar un año en la silla presidencial. En el siglo XIX, en los años que transcurrieron desde Guadalupe Victoria hasta Don Benito, muy pocos se mantuvieron en la silla presidencial por más de un año: Don Vicente Guerrero, quien junto con Agustín de Iturbide consumó la Independencia, sólo se mantuvo en la silla poco más de ocho meses (1 de abril al 18 de diciembre de 1829), y tuvo el mismo triste  fin que Iturbide: murió fusilado. Somos el único país con ese trágico historial: asesinar a quienes consumaron la independencia. Nadie imagina a nuestros vecinos del norte fusilando a Jorge Washington  o en Colombia y Venezuela poniendo en el paredón a Simón Bolivar. Claro que un indio fanático asesinó a Gandhi, pero es algo muy diferente que las ejecuciones de Iturbide y Guerrero. Los pocos que mantuvieron la presidencia por más de un año fueron: Anastasio Bustamante (enero 1 de 1830 al 14 de agosto de 1832 y después, del 19 de abril de 1837 al 18 de marzo de 1839 y luego del 17 de julio de 1839 al 22 de septiembre  de 1841). Don Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón ocupó la presidencia once veces, pero sólo dos veces  se mantuvo por más de un año (del 10 de octubre de 1841  al 26 de octubre de 1842 y del 20 de abril de 1853 al 12 de agosto de 1855). Sumando sus once presidencias no llegan a los 6 años.  

Recordaré las presidencias más cortas del siglo XIX, porque nadie olvida que en el siglo XX, mientras asesinaban al pobre Panchito Madero, Huerta consumó la farsa de subir a la silla a Lascurain, quien duró como presidente 46 minutos para  legitimar al Chacal. Cuando bajaron de la silla a Vicente Guerrero, subieron a José Ma. Bocanegra, quien no dejó ninguna obra para la posteridad, puesto que comenzó a “gobernar” el 18  de diciembre de 1829,  segundo día de las posadas, y terminó su gestión el día 23, víspera de la Noche Buena. Poco podría hacer en 5 días de presidente. Santa Anna, en su primera presidencia, en 1833, ocupó la silla del 16 de mayo  al dos de junio y luego lo suplió Valentín Gómez Farías por 15 días para que Don Antonio recuperara la presidencia del 17 de junio al 10 de julio. Devolvió la silla a Don Valentín, quien volvió a ser presidente por 3 meses y medio. Luego regresó Santa Anna por mes y medio y el 15 de diciembre Don Valentín recuperó la silla. El 24 de abril regresó Santa Anna para desempeñarse por cuarta vez como presidente. Menos mal que no existían las campañas presidenciales y no había ni radio ni televisión. En aquellos tiempos de pésimas comunicaciones y con un analfabetismo de más del 90 por ciento, creo que muchos mexicanos ni siquiera se enteraban de que había nuevo presidente, cuando mucho en la capital del país sabían que el Palacio Nacional tenía nuevo inquilino. Más bien me maravillo de que un país así haya subsistido con tal descomposición política que reflejaba la podredumbre o miseria del comercio y de la agricultura. Por supuesto que la industria no existía sino en lo más elemental del vestido y la construcción. Claro que sólo había muy pocos ricos y una enormidad de pobres y miserables.

De 1829 a 1843 hubo 27 presidencias: saque usted el promedio de duración. Pero fue peor el periodo de 1846 a 1853 con 12 presidencias, sin olvidar que en 1847, en plena invasión de los malos vecinos del norte hubo cinco presidencias distintas. Los años siguientes fueros peores: había que escoger una de dos “sopas”: liberales y conservadores o republicanos e imperialistas. Don Benito tuvo el mérito enorme de fundar el Estado mexicano y su gran enemigo Porfirio Díaz fue el que lo consolidó. México independiente, de 1821 a la fecha, es un milagro de sobrevivencia.

Haber sobrevivido un año con Peña Nieto y sobrevivir cinco años más nos resulta juego de niños.