Octubre 18

Leyendo sobre la ley de libre de convivencia, leo también lo que currió por estos días hace un siglo en estos asuntos de convivencia, y encuentro que el General Pancho Villa, en su afán de convivencia, ingresó a la categoría de bígamo. Copio de las Efemérides de la Revolución lo que consigna Alfonso Taracena el 10 de octubre de 1913: “parte Villa de Torreón con más de cinco mil hombres hacia Santa Rosalía, sin encontrar a Pascual Orozco, después de requerir de amores a la empleadita de Torreón Juana Torres, cuya mano pidió a sus padres para convertirse en bígamo, por lo que, consumado el matrimonio, exigió al juez el libro del Registro Civil y destruyó el acta” (La Verdadera Revolución Mexicana 1912-1914, p. 289). Sabemos que el Centauro no se quedó en la categoría de bígamo, sino que continuó avanzando, y sin contar variadas aventuras de convivencia. Resulta apasionante la historia de las convivencias de famosos: del mataesposas Enrique VIII y sus variadas cónyuges; las mujeres del eterno novio y eterno viudo Felipe II; las convivencias de Catalina de Rusia, “Catalina la Grande” y sus validos, que a veces terminaban en el asesinato del convivente; las convivencias de la Reina Virgen (¡¡) Isabel de Inglaterra sin convivente oficial. Voluminosos libros de las convivencias de los reyes de Francia: sin olvidar que en Versalles se muestran las cámaras reales de los reyes y las reinas, y los “apartamientitos”. Los monarcas de Versalles dormían, o pasaban la noche, por lo común, en alguno de los apartamentos y, al amanecer, les avisaban que era tiempo de que se fueran a acostar al lecho real para iniciar luego el “levanto” oficial con todo el refinado muy minucioso ceremonial que incluía los rezos en un reclinatorio, el lavatorio de las manos , nada más de las manos, y todo el proceso de vestir al rey, y a la reina, sin olvidar que parte del ceremonial era asistir a misa en la capilla real y que era muy importante el oficio de confesor del rey en Francia, España y Portugal. Asunto aparte sería saber si los reales personajes practicaban la confesión como debiera ser, según la Iglesia.

En México, sabemos que Hernán Cortés tuvo sus convivencias, aunque diversas de las de Pancho Villa. De ninguno de nuestros pasados gobernantes, prehispánicos, virreinales y “nacionales” sabemos que en la práctica hayan vivido en alguna de las nuevas convivencias que ahora se apuntan. En el apasionante y bien documentado libro de Sara Sefchovich La Suerte de las Consortes leemos algo de las historias conyugales de nuestros gobernantes donde aparecen variadas convivencias, pero ninguna parecida a las que están por venir. Sabemos, como ya dije, que Cortés y Villa se distinguieron por ser muy diferentes del solitario, empedernido y aburrido solterón que fue Sebastián Lerdo de Tejada de quien dice Fuentes Mares: “yo creo que Don Sebastián, igual que Don Benito, harían el amor con la ley en la mano y sencillez republicana”.

La época de la Guerra de Independencia es muy pobre en estas materias y sólo sabemos que doña María Ignacia Rodríguez de Velasco, conocida como la Güera Rodríguez, tuvo diversas convivencias entre las que sobresalen las de Agustín de Iturbide y Simón Bolívar. Y no quiero incursionar en el mundo de las convivencias del padre de la Patria el bachiller Miguel Hidalgo, alejado de la ejemplar convivencia de su amiga la Corregidora, doña Josefa, y la heroica Leona Vicario. Ya más cerca de nosotros, habrá que decir que mi general Porfirio Díaz tuvo variadas convivencias en sus años de soldado; pero que Carmelita Romero Rubio lo pacificó, a pesar de que, según algunos enterados, el anciano general era muy apreciado por las jóvenes que asistían a las fiestas y bailes en Chapultepec y en Palacio Nacional. Panchito Madero fue ejemplar consorte de su digna esposa doña Sara Pérez. Don Venustiano, admirador de Don Benito y Don Sebastián no dejó indicios de ninguna convivencia desordenada. Don Manuel Ávila Camacho tuvo ejemplar convivencia con doña Chole, tapatía, o más exactamente zapopana, religiosa y pudorosa, que ordenaría que le pusieran un taparrabo a la Diana Cazadora del Paseo de la Reforma.

Abundantes resultan las noticias de las convivencias de López Portillo y López Mateos. De nuestros mandatarios más cercanos prefiero no investigar.