Diciembre 6 de 1810

Diciembre 6 es una de las fechas más importantes de la lucha por la independencia: la abolición de la esclavitud decretada en Guadalajara por el señor cura Don Miguel Hidalgo, medio siglo antes de que lo hiciera Lincoln en el vecino país del norte. No es fácil en pocas líneas valorar ese acontecimiento, y más complicado aún considerar la efectividad del decreto. Después de que Don Benito expropió las tierras de los pueblos indígenas, los campesinos se convirtieron en peones, en esclavos de las haciendas, con jornadas de trabajo de sol a sol, con tiendas de raya. A fines del siglo XIX en México, los obreros organizaban huelgas para lograr una reducción de la jornada laboral “a solamente dieciséis horas”, esclavitud peor a la que se oponía don Miguel. Nadie puede negar que en el México del 2013 existan verdaderas esclavitudes: los migrantes, las redes de prostitución, trabajadores y trabajadoras indígenas explotados en las grandes ciudades y muchas realidades más.

Recordemos que el término “esclavo” en los siglos virreinales era sumamente amplio y ambiguo: desde el esclavo aherrojado y encadenado hasta la esclava amante o esposa del hacendado. Los esclavos eran trabajadores de confianza, peones, empleados en muy diversos menesteres. No está por demás recordar lo que Luis Cabrera, el ideólogo agrario de Carranza, afirmó: “en materia agraria el único país al que puede copiar México es Nueva España”. Es decir que en el régimen colonial, las Leyes de Indias eran más benévolas con los trabajadores del campo que las del México independiente. Páginas muy negras tenemos de esclavitud colonial y también páginas que hablan de esclavos que, al ser liberados, preferían conservar su condición de esclavos.

Me sorprendió leer en el insuperado libro de Jaime Olveda “De la insurrección a la independencia. La guerra en la región de Guadalajara”  la duda de las profundas intenciones de Don Miguel, las “razones más verdaderas”, como decía Tucídides, que llevaron al señor cura a decretar la abolición de la esclavitud. Claro que las intenciones sólo las supo el Padre de la Patria, pero hay indicios para pensar que a Don Miguel se le presentaba un panorama muy peculiar en esas primeras semanas de la guerra por la independencia. No creo que a Jaime le moleste que le piratee un largo párrafo fundamental sobre el tema: “la abolición de la esclavitud es otro aspecto mal interpretado o, si se quiere, sobredimensionado. Generalmente quienes se han ocupado del tema sostienen que los motivos que tuvo Hidalgo para suprimirla fueron de índole moral, humanitario o filantrópico porque se conmovió profundamente al ver la terrible condición en la que vivían los esclavos; por tanto, el bando del 6 de diciembre fue visto como un acto redentor. Algo tuvo que ver esto, pero el cura de Dolores promulgó esta orden por dos razones: en primer lugar para ser congruente con el principio de libertad que proclamó desde el inicio de la insurrección; en segundo término porque al abolirla afectaba todavía más la propiedad privada de los españoles, recuérdese que el esclavo era considerado como una mercancía que se podía vender y comprar. La abolición fue parte del proceso de la confiscación de los bienes de los peninsulares que se propuso llevar a cabo. Es preciso aclarar que los decretos que abolieron la esclavitud, los tributos y las alcabalas ciertamente cuestionaban el orden tradicional y tuvieron un sentido reformista, pero como Hidalgo nunca tuvo un control real sobre la nueva España, no fueron acatados realmente; por tanto, tuvieron un carácter simbólico. Por otro lado, es necesario no perder de vista que los líderes insurgentes tan solo impugnaban algunos aspectos del régimen colonial, pero no se proponía suprimirlo, sino participar en él.” (Pág. 143-144)

Sale sobrando decir que nadie ha tenido la audacia de asegurar que después del 6 de diciembre de 1810, en México dejó de haber esclavos. No es fácil precisar las exageraciones de la historia oficial. Uno de los beneficios de la Revolución fue sin duda la mejoría substancial en la condición del obrero proclamada en el artículo 123 y sus leyes reglamentarias; pero nadie duda que cada día se le quite validez al artículo 123, con argucias en los contratos para no crear  antigüedad y otras novedades que desprotegen al trabajador.

En México, y en el mundo, la esclavitud no ha terminado.