Casa Jalisco

El anuncio de que Aristóteles Sandoval no cumplirá su promesa de campaña de no vivir en la Casa Jalisco, no me sorprendió: una más de sus incumplidas promesas. “Prometer no empobrece”. Los ya pobres somos los ciudadanos de a pie.

Pero el incidente me trajo la curiosidad  de investigar dónde han vivido nuestros primeros mandatarios nacionales y estatales. Aunque nunca he hecho propósitos de año nuevo, este 2014 me propongo investigar el tema, y, mientras tanto, escribo aquí los pocos datos que tengo. De Jalisco, no tengo la menor idea de dónde vivieron Prisciliano Sánchez y sucesores. Los gobernadores de la época porfirista vivieron en suntuosas residencias en Las Colonias. Los generales de la Revolución que, después del 8 de julio de 1914, atormentaron Guadalajara gozaron de casas carranceadas a potentados del porfirismo. El antiguo líder de la huelga de Cananea, Manuel Macario Diéguez,  ocupó la elegante casa, de cantera gris, de Doña Dolores Somellera viuda de Orendain, en la calle de Mercaderes, actual Madero, casi esquina con Federalismo. Nadie le hubiera profetizado que poco después, en la rebelión delahuertista sería fusilado en Chiapas  por órdenes del amo al que sirvió sin pestañear, es decir el matón de Álvaro Obregón. Los gobernadores de fines de los años 20 tampoco sé dónde vivieron, con excepción de José Guadalupe Zuno que se construyó una espléndida mansión que aún admiramos en la Colonia Moderna.

La actual Casa Jalisco, que creo  estrenó Ramírez Acuña, sustituyó la de Progreso y Vallarta, donde  vivieron varios gobernadores.

En la ciudad de México, durante la época virreinal, los virreyes habitaron el edificio que ahora llamamos Palacio Nacional. Bella y señorial construcción edificada sobre las ruinas de la gran Tenochtitlán a un lado de la Catedral de México, construcciones que encuadran la gran Plaza de la Constitución, el Zócalo, que es una de las plazas más bellas del mundo, digna de compararse con la gran Plaza de San Marcos en Venecia, o la gran Plaza Roja de Moscú. No sé dónde leí que uno de nuestros grandes cantores folklóricos, en una noche de borrachera en la capital rusa se puso a medir la plaza que le resultó cuatro metros menor que el Zócalo. Después de Iturbide y hasta Don Benito, ignoro dónde vivía el presidente. Fueron años, 1823 a 1858, en que algunos presidentes duraban en la Silla una o dos semanas y resulta imposible que hayan tenido tiempo de instalarse en Palacio Nacional. Maximiliano y Carlota habilitaron el edificio de Chapultepec y lo transformaron en “castillo”, y ahí vivieron. Don Benito, después del triunfo de la República, 1867,  ocupó algunos espacios del Palacio Nacional, pero viviendo en condiciones sumamente austeras, por no decir precarias. Porfirio Díaz despachaba en Palacio Nacional, pero vivía con Carmelita Romero Rubio en su casa de la calle de la Cadena. Panchito Madero, sin certeza del todo, creo que vivió en Chapultepec. Los dos alegres compadres, Obregón y Calles, vivieron en Chapultepec, lo mismo que Emilio Portes Gil y el Nopalito Ortiz Rubio, que dieron pie a aquel grafito que alguien escribió sobre un muro del castillo de Chapultepec: “aquí vive el presidente; el que manda vive enfrente”. Porque frente al castillo, en Anzures, vivía Calles. Lázaro Cárdenas, coherente con su programa austero, se cambió a una modesta casa muy cerca: a los Pinos. Ahí vivió también Ávila Camacho, y su esposa, doña Chole, invitó a los congregantes marianos de mi colegio, el Instituto Bachilleratos, luego Instituto Patria, a que diéramos catecismo a los guardias presidenciales. Yo no fui de los que iban a Los Pinos cada sábado por la tarde a instruir a los soldados, pero iban varios de mis compañeros de secundaria y prepa del colegio, en la calle de Gelati, a dos cuadras de Chapultepec. Un dato más de este México surrealista. Si existe una historia de Los Pinos debe consignar el hecho: en los centros de catecismo que atendíamos figuraba el letrero “Guardias Presidenciales”.

Actualmente la residencia oficial de Los Pinos es muy distinta de los cuartitos que habitó, y donde murió, el Benemérito, que  fue muy austero. Como dijo Fuentes Mares:”tengo la convicción de que Don Benito, igual que Don Sebastián (Lerdo de Tejada) haría el amor con la ley en la mano y austeridad republicana”.