¿Alguien recuerda la Revolución?

Con eso de que el día 20 pasó al 17, los niños no saben por qué ese día no hay  clases. Los más enterados saben que hace más de un siglo, en 1910, un norteño idealista o loco, Panchito Madero, encabezó un movimiento contra Porfirio Díaz y que señaló un día, el 20 de noviembre, para levantarse en armas. Sabemos que en la madrugada de ese día Panchito atravesó la frontera desde Texas, por Ciudad Porfirio Díaz (actual Piedras Negras), y esperaba ver miles de mexicanos con sus rifles amartillados para combatir al gobierno; pero sólo encontró a su padrino Catarino Benavides con unos cuantos rancheros, entre las vacas que bebían agua del río, de suerte que el levantamiento ese día fue un fracaso absoluto.

Los letrados saben que Madero combatió al gobierno de Díaz por casi idénticas razones por las que Porfirio Díaz combatió a Don Benito con el Plan de la Noria: contra  la reelección indefinida, porque el poder ejecutivo había borrado, o se había digerido, al poder legislativo y al judicial,  porque el señor presidente ponía y quitaba gobernadores, porque controlaba absolutamente las  elecciones, fraude electoral, porque empleaba mal las finanzas y porque el Ejército, creado para defender la soberanía nacional y las instituciones, se empleaba contra el pueblo como una verdadera policía federal al mando del Ejecutivo. No se olvide que el Plan de la Noria, contra Don Benito, terminaba con las frases: “que ningún ciudadano se reelija y se perpetúe en el ejercicio del poder, y ésta será la última revolución. Porfirio Díaz”. Y en 1910 Panchito Madero se levantó en armas contra el revolucionario Porfirio por las mismas razones por las que Don Porfirio se enfrentó a Don Benito.

A pesar del absoluto fracaso del 20 de noviembre, conforme pasaban las semanas, se fueron levantando en armas Pascual Orozco, Pancho Villa y una serie de inconformes que obligaron al anciano oaxaqueño a embarcarse en el Ypiranga y a establecerse en París, donde murió. Y así como la Constitución de 1857, con la mente puesta en Santa Anna, trató de dar al país un régimen diferente, en 1917 se trató de establecer un régimen opuesto al porfirista, resultó que el PRM, el PRI, repitió el mismo esquema, con la excepción de la no reelección. Con la aplanadora priista,  con el presidencialismo en su apogeo, que luego fue declinando, se dio una supresión práctica de la división de poderes: el Ejecutivo dominaba al Legislativo  y al Judicial; el presidente controlaba gobernadores y los ponía y los quitaba. No se olvide que los gobernadores que puso y quitó Salinas en seis años fueron más de los que puso y quitó Porfirio Díaz en 35 años. El PRI no fue, ni es, ningún genio de finanzas honradas y transparentes, y, no se olvide el 68, empleó al ejército como policía represora contra el pueblo.

Sin embargo, desde Don Venustiano hasta López Portillo por lo menos, la Revolución, la revolución hecha institución, aberración de lenguaje y de realidad, fue la inspiración de las presidencias “emanadas de la Revolución”. Nunca entendí que en el gabinete presidencial existiera un Secretario de la Reforma Agraria, reformas de Obregón y Cárdenas. Salinas tuvo la sensatez de suprimir esa secretaría, sabiendo que, sumando todos los repartos agrarios que se habían hecho, el territorio mexicano se repartió cuatro o cinco veces: se repartía lo ya repartido y vuelto a repartir.

La tragedia de Ayotzinapan ha desnudado una vez más los oropeles y emperifollajes del sistema. Acostumbrados a querer gobernar con frases bonitas y deslumbrantes, los gobiernos actuales han quedado al descubierto en su ineficiencia y sus sofismas y mentiras. La corrupción de los maestros y de los normalistas sobre todo foráneos o rurales, están mostrando una de las realidades más lacerantes: la pobreza de buena parte de nuestro magisterio desde Doña Elba Esther hasta Elisa Ayón y otra serie de “mentores” y educadores: pobre país con esos formadores de la conciencia cívica.

Corrección: Hace ocho días, en mi columna decía yo que Almazán contendió contra Cárdenas. No, fue oponente de Ávila Camacho, como amables lectores me han corregido. En las prisas semanales, por más de 25 años, por entregar el artículo, no es la primera vez que me equivoco y, sin duda, no será la última. Gracias por las correcciones.