Los Sonámbulos

De la violencia “pacífica”

De la "pobreza", como teoría, se ha dicho que goza de una especie de inmortalidad ya que hasta en períodos de abundancia y de brechas de desigualdad no tan profundas, que las ha habido, emerge de entre los cadáveres ideológicos como bandera de propósitos superiores.

Siempre ha resultado un buen negocio, pero más en épocas de tosca concentración como las actuales en las que, además de los beneficiarios de siempre, otros se han trepado al barco al amparo de esa situación.

Son empresas familiares que acumulan cuanto pueden en nombre de ello, con lemas populistas sacados del manual de algún caduco conspirador del siglo XIX y que forman parte de la pose que busca camuflar su vena violenta con gestos pacíficos, una suerte de violencia tolerante, "institucional" y hasta humanista (ajá), igual al pacifismo de políticos que han alucinado "contactar" con "su creador" y seguido sus instrucciones para eliminar a los "malignos" a punta de bombas.

"Ahí les dejo la violencia de mi afecto en la forma más viva", diría Jane Austen en una de sus novelas.

Lo anterior, a propósito del episodio que enfrenta el periodista Juan Lázaro Santiago en la zona oriente del Estado de México, demandado penalmente por miembros de un clan familiar, filial priista que no podría negar su progreso justo por la pobreza, vía para ocupar espacios en la vida pública hasta convertirlos en cacicazgos.

De Lázaro se podría decir que tiene un especial talento para que personajes de la misma laya lo consideren su enemigo: primero Guadalupe Buendía Torres, "La Loba", y luego el compadre de ésta, Jesús Tolentino Román Bojórquez y sus adláteres, quienes protagonizaron la peor carnicería de vidas por la disputa del poder público local, esto en agosto del año 2000, en el municipio de Chimalhuacán.

Pero "son necios, tercos y bueyes. Creen que si no estás con ellos estás en su contra", dijo alguna vez de esos bandos la siempre bien recordada Emerenciana López Martínez, "Doña Mere", defensora de los derechos humanos y de las mujeres en esa demarcación. Pues sí.

El caso es que "el tal Lázaro", como le dicen despectivamente sus "pacíficos" enemigos (omito la etiqueta de "prostituta mediática" y "la venta de progenitoras" que le endosaron para evitar ser acusado de "plagio" ante este portento intelectual), fue demandando por "ataques al orden o a la paz pública", y frente a esto y lo antorchistamente enrarecido del ambiente, ya acudió a los organismos de derechos humanos en demanda de protección.

Todo porque a las "siempre víctimas" no se les dio la gana hacer uso de su derecho de réplica en el portal del "presunto agitador" respecto de un señalamiento (vínculos con raptos).