Los Sonámbulos

De la vieja-nueva mediocridad

De no ser porque los viejos y nuevos representantes del capitalismo de nuestro país -y de varias naciones más- se han especializado en el tema, lo afirmado por la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) Christine Lagarde, en el sentido de que la economía mundial podría vivir una etapa de crecimiento mediocre por un período prolongado, habría tomado por asalto el optimismo del estancamiento doméstico y enfriado cualquier entusiasmo reformador.

Fenómeno profundamente practicado y pulido desde que en 1982 se puso en marcha el Cambio de Rumbo (Miguel de la Madrid, dixit) aquí habría más de uno dando cátedra no sólo sobre cómo permanecer en el mismo lugar sino, principalmente, respecto del prodigio de cómo ir en reversa con la vista puesta en el futuro (un "moonwalk" económico-político a la Michael Jackson, combinado con las contorsiones de Adalberto Martínez "Resortes" como golpe de efecto movilizador)

Como sea, son dignos de estimar los "nubarrones" descritos que acompañaron las perspectivas referidas, sustentados a partir del reconocimiento de que "a seis años del comienzo de la crisis financiera, la debilidad de la economía mundial perdura. Los países aún están lidiando con los legados de la crisis, como elevadas cargas de deuda y desempleo", y que hay que "cambiar de marcha y superar lo que ha sido hasta ahora una recuperación decepcionante: una recuperación que es frágil y desigual... rodeada de riesgos".

Entre éstos, según Lagarde, elevación de la tasa de interés (principalmente en Estados Unidos) y los posibles efectos de contagio y de rebote que harían trizas a las economías emergentes (como la nuestra) con la consecuente fuga del capital especulador y su migración a un sector financiero "paralelo" con poca regulación, que en algunos países (Estados Unidos) es más grande que la banca tradicional, en Europa es casi la mitad y en China oscila entre 25 y 35 por ciento.

En otros términos, los especuladores se aprestan a colocar el dedo en el gatillo a la primera señal en el 2015. Hay otros riesgos, incluso geopolíticos y sanitarios -conflictos en Ucrania y el Medio Oriente, y el ébola en África- que oscurecen todavía más el escenario.

Pero de manera sorprendente se apela al mismo recetario para intentar salir de la mediocridad, es decir, a las "reformas estructurales" que, al menos por la experiencia en nuestro país, generan todo lo contrario de lo que se proponen.

Hete aquí otro prodigio: que un presidente o un ministro de hacienda, fundamentalmente orwellianos, den a conocer, igualmente por la telepantalla imaginada por George, datos para prepararse "por la nueva y feliz vida", terminando siempre con el clásico trompeteo y la correspondiente música ligera. (Todo esto mientras entre gobernados intercambian hojas de afeitar y cigarrillos).