Los Sonámbulos

Sobre “tratados” de la ilusión

Después de la reciente "cumbre" -utilizó este término contra mi voluntad, pero así fue llamada- entre los presidentes de México, Estados Unidos y Canadá, volvió la fiebre del "tratadismo", ese que a la fecha no ha significado otra cosa que un calculado atrincheramiento de los dueños de la economía en cada país.

Los que impulsaron el tristemente célebre Telecé y quienes simpatizan con él, buscan convencerse de que, a 20 años de ese capítulo, se trató de un lance que no ha tenido parangón en la historia, de que en los archivos nacionales no ha habido ningún episodio de semejante envergadura y que, total, al estilo del viajero Marco Polo, hasta ahora sólo se ha contado la mitad de lo que se ha visto.

Cada cual su mundo, la realidad es que la apertura comercial no ha impedido, por ejemplo, edificar muros ignominiosos en las fronteras entre México y Estados Unidos, ni estimular normas de hediondo tufo nazi con comisarios dispuestos a dejar la piel y la placa con tal de que se cumplan esas leyes, como Joe Arpaio en Arizona.

No es que se busque consumar la venganza demográfica planteada por Ignacio Ramírez "El Nigromante" tras el atraco de la mitad del territorio nacional, sugiriendo que para rescatar las praderas despojadas habría que poblarlas. No.

Pero este ejemplo sólo muestra un rostro de la cantaleta aperturista y de las ilusorias proyecciones de fuerzas regionales invencibles en la unidad de los astros, pretendidamente alineados para frenar expansiones imperialistas venidas de quién sabe dónde, amenazas apocalípticas en ciernes a las cuales hay que caerles encima y a la malagueña. En suma, una buena cuota de delirios.

El caso es que frente a los deseos siempre existen los hechos, y estos apuntan a un marcado proteccionismo de los dueños de la economía de cada nación.

En plena propaganda "telecista" y no obstante la presencia de árbitros supuestamente "imparciales" como la Organización Mundial de Comercio, Estados Unidos, por ejemplo, tendió un cerco sobre los atunes, las papayas, el tomate, etc.,, productos mexicanos a los que de menos se colgó la etiqueta de portadores de salmonella. Y a bajar la cortina.

Honestamente, nadie necesita socios que a la primera se saquen de la chistera bacterias, patrañas y otros bichos para bloquear el comercio, alegando incluso cuestiones de seguridad nacional.

Los únicos que tiene derecho de picaporte en cualquier lado son los monopolios trasnacionales -bancos y financieras, principalmente-, porque hasta ahora nadie se ha atrevido a protagonizar una nueva versión de "La Rebelión de los Colgados".

Trepada en el tren de desastre o de la buena ventura de los vecinos del norte, la economía nacional no requiere de más tratados ni de más acuerdos internacionales, más para la pose que para promover el desarrollo, lo cual no significa renunciar a las buenas maneras ni a los tratos amistosos.

Sin embargo, buena parte de la solución para comenzar a eliminar el largo periodo de "estancamiento estabilizador", y lo dicen hasta los dueños de los monopolios, está en la economía interna, en la promoción de su variedad en los ofertantes, y esto, antes de que los mismos detentadores de las fortunas terminen por devorarse unos a otros.